Premio Nobel a Vargas Llosa
La verdad es que los de la Academia Sueca tienen vocación por sorprendernos cada año. Cuando empiezan a sonar vacas sagradas se decuelgan con un nombre casi desconocido, y este año que los comentaristas rebuscaban en autores de Kenia, de Japón o norteamericanos que no sonaran tanto otras veces, van y se lo dan a Vargas Llosa, que lleva años en las quinielas y que a estas alturas uno pensaba que le iba a pasar como a Borges, que siempre sonaba pero que nunca se lo darían. Vargas Llosa atrae opiniones diversas en cuanto a sus posicionamientos políticos e incluso intelectuales. Es normal en quien se atreve con todo, siempre a gran nivel. Yo mismo suelo no estar de acuerdo con algunas de sus ideas, pero lo que nadie discute es su enorme calidad literaria como novelista y la profundidad y lucidez de sus obras de ensayo literario. Es más, hay que buscar mucho para encontrar hoy un crítico literario de su envergadura. En nuestra lengua no lo veo y creo que tampoco más allá. De manera que esta vez el premio va para la Literatura, sin implicaciones étnicas, políticas o reivindicativas de ningua clase. Y eso también está bien de vez en cuando.
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Por cierto, ¿se acuerdan del Foro Vargas Llosa que fue cerrado hace tres años porque no se consideraba interesante?
Ha muerto José Antonio Labordeta, ese maño tan simpático que hizo de la sencillez un arte. Todos cantamos alguna vez a coro su Canto a la libertad, que fue uno de los himnos de un tiempo que ya está haciendo cuentas. Hubo muchos himnos en las voces de muchos, desde Jarcha a Taburiente, con raíces populares una veces y otras menos, pero siempre con el futuro como estandarte, porque los cantautores y cantautoras de entonces ponían voz a nuestros deseos. Miguel Ríos se retira, Lluis Llach lo hizo hace unos años, Paco Ibáñez, Gullermina Motta, Raymond, Javier Krahe, Luis Pastor, Rosa León, Aute y otros tanto apenas aparecen. Queda Serrat en todo su esplendor, pero ya está también de vuelta.