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Los grandes poetas nunca mueren

Escribir la despedida de un gran poeta es siempre difícil porque no puede meterse en unas pocas líneas la inalcanzable grandeza de una obra literaria sin fisuras. Escribir de un gran amigo se me antoja casi imposible porque no estamos preparados para asumir su partida. Si confluyen ambas circunstancias, no aparecen las palabras que puedan transmitir a la vez el dolor de la amistad y la dimensión poética de una de las voces más rocosas que ha dado esta tierra. Se nos ha ido como del rayo Juan Jiménez, con quien tanto quería. Tengo que acudir a las palabras de Miguel Hernández para asegurarme de que estos renglones son capaces de aproximar la figura del poeta a la tremenda realidad que es su silencio. Como decía una gran poeta al conocer la triste noticia, escasean las palabras precisamente en el territorio en el que Juan Jiménez tenía la vitola exacta para convertir en grafismos lo más profundo de los seres humanos, una capacidad para codificar ese aire del sur que siempre lo acompañó.
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Steinbeck, verso suelto de la Generación Perdida

John Steinbeck ha sido casi hasta ayer algo parecido al pariente pobre de la muy aclamada Generación Perdida norteamericana del medio siglo XX. Son los propios norteamericanos los que se han dedicado sistemáticamente desde el principio de su carrera a minusvalorar su obra; para ser exactos, una parte de su país cercana a las ideas del poder imperante, la que domina medios y crea opiniones, que no cejó en su campaña de desprestigio contra el escritor ni al recibir este el Premio Nobel en 1962. Es más, cuando en el año 2012 la Fundación Nobel abrió sus archivos, como hace siempre al cumplirse 50 años de la concesión de galardón, fueron los norteamericanos quienes se encargaron de airear que aquel premio fue una solución de compromiso, que es lo que siempre es el fallo de un jurado, un compromiso.

Steinbeck 1.jpgCada año hay acceso a un acta nueva del Nobel de medio siglo antes, y lo normal es que, salvo algunos estudiosos que coleccionan curiosidades, pocos husmeen en las deliberaciones de la Academia sueca. No han sido publicadas -aunque se podría- las razones por las que durante los diez años siguientes a la terminación de la Segunda Guerra Mundial fueron premiados preferentemente escritores británicos, americanos y franceses (potencias aliadas vencedoras). Continuar leyendo «Steinbeck, verso suelto de la Generación Perdida»

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La espiral del silencio

Suele decirse que el periodismo nació en la Inglaterra del siglo XVIII, décadas antes de la Revolución Francesa, pero en realidad ya se ponían comunicaciones para la gente desde la época de Julio César, y durante la Edad Media había hojas volanderas que comunicaban. Fue en la Venecia más gloriosa cuando se imprimían noticias y opiniones que se vendía al precio de una gazetta, que era la moneda veneciana de la época, y de ahí surgió el primer nombre de las publicaciones, que se instauraron como tales y con fuerza durante el siglo XIX. Los grandes magnates norteamericanos de la prensa influían en la sociedad y en la política, como los míticos Joseph Pulitzer o William Randolph Heart, pero es que los grandes empresarios de la época de consolidación y crecimiento en Estados Unidos se dedicaban en origen a una sola actividad: Carnegie los trenes, Rockefeller el petróleo, los Hermanos Lehman a la banca, los mencionados Heart y Pulitzer a las empresas periodísticas y así en diversos sectores, si bien es cierto que pronto comenzaron a mezclarse intereses y el dinero sin nombre se infiltró en las redes del capitalismo que hoy conocemos.

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