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Sobre el nacionalismo

En la entrevista de Mario Vargas Llosa que se publicó ayer como promoción de su próxima novela, el escritor hace una reflexiones sobre el nacionalismo que se convirtieron en el titular de la entrevista: «El nacionalismo es la peor construcción del hombre». Hay detalles que darían mucho que hablar, como cuando afirma que el nacionalismo sólo es positivo cuando lucha contra la opresión y el colonialismo, siempre que esto no se convierta en ideología.
zz152054-1.jpgY ahí entramos en el filo de la navaja, porque supongo que todos los nacionalismos se basan en una teoría sobre la opresión que sufre una determinada colectividad, sea real o prefabricada por quienes quieren sacar partido, pero en esto, como en casi todo lo que roza la política, no existe una fórmula matemática para determinar qué es ideología nacionalista y qué no, cómo se puede establecer un grado de opresión y otros detalles que se vuelven banderas; porque está muy claro que el Imperio Británico oprimía a La India, que la Bélgica de Leopoldo II tiranizaba toda la cuenca del río Congo, pero otros nacionalismos tal vez no puedan presentar una tiranía de trazo grueso que los justifique. Vargas Llosa se ha metido en un jardín en el que se desenvuelve muy bien con su brillante discurso, pero yo no sé dónde empieza la sustancia y dónde termina el malabarismo.

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Viajar en un libro

Pues sí que ha sido este un verano viajero. He viajado en el espacio y en el tiempo, estuve en París con Simone de Beauvoir, Sartre, Camus y toda la peña existencialista, me di una vuelta por el río Piura, allá por Perú, buscando al asesino de Palomino Molero con Vargas Llosa, deambulé con Alexis Ravelo bajos los duros días de la postguerra y regresé a la dura actualidad con Elmer Mendoza, que buscaba a un asesino que disparaba balas de plata, como las que se usan contra los licántropos.
z55555.JPGViajar es muy instructivo, y si te montas en un libro el asunto es fascinante, porque no hay volcán islandés que desvíe tus vuelos ni controlador aéreo que los retrase. Puedes ir a la América colonial, a la Rusia de los zares o al hiperespacio ese de que tanto hablan Asimov y Sagan. Así que, si quieres viajar, subirse a un libro es lo más indicado, porque también es un cruce de culturas, puedes saber qué comen los cabileños del norte de África o cuáles son las costumbres de los campesinos japoneses, y eso sin necesidad de tanto ajetreo, jet-lag y cansancio acumulado. Tiene la ventaja para los amigos que no tienen que aguantarse la paliza de las fotos de cuando estuve en el Templo del Sol, en la Isla de Pascua o en un abigarrada playa del Mediterráneo. Soñar con la isla griega de Santorini es magnífico, viajar hasta allí es una paliza de aviones, ferrys, calor e incomodidad, porque una cosa es ver una postal y otra aguantar la canícula.
No, no, yo no estoy en contra de los viajes, sino muy a favor de los libros.

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70 años después de Trostki

Para las nuevas generaciones, seguramente el nombre de León Trotski (Liev Davídovich Bronstein) (1879-1940) no significará gran cosa, pero hay que decir que fue un personaje clave del siglo XX, uno de los pilares de la Revolución Rusa y posible sucesor natural de Lenin. Al final, la sucesión fue para Stalin, que tuvo en sus manos la posibilidad del socialismo real y la convirtió en una dictadura inmisericorde, manchada de sangre y corrupción. Nunca sabremos qué habría pasado en la Unión Soviética si el liderazgo hubiese caído en manos de Trotski, esa es una incógnita que ya no podremos despejar.
leon-trotsky[1].jpgStalin sembró el terror y fue eliminando a todos sus posibles opositores. Trotski, antes uno de los grandes líderes de la nueva Rusia, se convirtió en un perseguido. Tuvo que exiliarse y fue a parar al México legendario de Lázaro Cárdenas, aquel país que a finales de los años treinta del siglo pasado asilaba a los republicanos españoles y, cómo no, al huido Trotski y a su esposa. Pero la mano de Stalin era muy larga, y a pesar de las medidas de seguridad que el presidente mexicano había puesto en la casa que habitaba el líder ruso, Trotski fue atacado por el español Ramón Mercader, clavándole un piolet de alpinista en la cabeza.
Eso sucedió el 20 de agosto de de 1940, y Trotski murió el 21, hace ahora 70 años. Su figura y sobre todo sus últimos tiempos en México forman parte de narraciones y leyendas, pues era aquella una época legendaria, en el México de Frida Kahlo, que con su marido Diego Ribera acogió al fugitivo, mientras que otros artistas se le oponían, pues Siqueiros había intentado matar a Trotski en mayo del mismo año. El líder ruso fue un intelectual y un hombre de acción, en un tiempo en el que parecía posible cambiar el mundo. Su importancia es enorme, y las historias que alrededor de su estancia en México se cuentan (romance con Frida incluido) son material para novelas. Por eso recupero hoy su estela, por eso y porque un amigo poeta me lo recordó, y sigo preguntándome qué habría pasado si en lugar de Stalin llega a ser Trotski el sucesor de Lenin, y son libros suyos importantes Mi vida (1930), Historia de la Revolución Rusa (3 volúmenes, 1931-1933) y La revolución traicionada (1937), porque no hay que olvidar que Trotski fue un gran teórico del marxismo, y , para bien y para mal, el siglo XX no se entendería sin el marxismo y sus aplicaciones más o menos heterodoxas.