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Los gitanos

Da grima el patetismo de la UE en el asunto de la expulsión de los gitanos de Francia. Han cogido el rábano por las hojas y han condenado las palabras de la Comisaría de Justicia de Bruselas cuando comparó estos hechos con las deportaciones en masa de judíos que realizó el colaboracionista gobierno de Vichy hacia los campos de exterminio nazis. Han puesto el grito en el cielo por las palabras de la Comisaria y han dejado atrás la clave del asunto, con lo que Sarkozy ha hecho trampas y la UE se lo ha consentido.
zo_mimbreras%20177[1].jpgYo no sé qué es y qué no es políticamente correcto para una Comisaria Europea, pero lo que dijo es una verdad como una catedral, y yo, que no tengo por qué ser políticamente correcto, digo que esta persecución -porque es una persecución- rememora otras expulsiones sangrantes, como las que hicieron los Reyes Católicos de los judíos y moriscos, Felipe III de los moriscos que quedaron o Carlos III de los jesuitas. A estas alturas de la historia uno creía que eso eran cosas del pasado, y más en un país como Francia, que se ufana de ser la patria de la libertad en los últimos dos siglos.
Por otra parte, los gitanos tienen en España un ADN histórico, pues incluso se les relaciona con el origen de algo tan español como el flamenco. Pero siempre han vivido marginados, aunque hay que decir que ellos tampoco hacen titánicos esfuerzos por integrarse en un tipo de vida menos aferrado a tradiciones que a veces no cuadran con estos tiempos. Y cuando hay un suceso, si hay gitanos de por medio, eso es lo primero que se dice. Es cierto que hay sucesos en los que están involucrados gitanos, negros, sudamericanos, homosexuales o cualquier otra minoría, pero también quienes no lo son. Y se cuelga siempre el sambenito a la minoría, y cabe preguntarse también si fue primero el huevo o la gallina, porque una colectividad marginada crea sus propias reglas. Creo que habría que hacer un esfuerzo por parte de todos, aunque no va por ahí la cosa, pues hasta Sarkozy ha vuelto a la Inquisición…

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Primavera chilena en septiembre

zxDSCN3024.JPGSeptiembre es un mes triste, aunque llegue la primavera a Santiago, y la memoria nos devuelve tiempos idos, como la época terrible de los años setenta en Hispanoamérica. El de septiembre es la fiesta nacional de Chile, la que fecha que cantaba Violeta Parra, la que recordaba Víctor Jara, la que estremece a los biennacidos en la cueca larga que es Chile, desde Antofagasta a Puerto Mont. Y el 18 de septiembre, fecha gozoza para los chilenos, ha quedado incrustada en medio de otros dos números septembrinos, dolorosos ambos, a la distancia triste de un cuarto de luna: el 11, fecha maldita en la que Allende entregó su vida a la democracia, y el 24, cuando la atronadora voz de Pablo Neruda enmudeció de pena bajo la lluvia pobre de Santiago, después de firmar de nuevo el poema Sátrapas, escrito ya en España en el corazón. Cambió sólo los nombres porque la tiranía siempre se escribe igual; con sangre. Ahora Chile sufre con las consecuencias del terremoto y mantiene la esperanza de que los mineros atrapados salgan a la superficie.
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(El poeta Pablo Neruda murió en Santiago de Chile el 24 de septiembre de 1971, 13 días después del golpe de estado de Pinochet).

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Se está acabando el tiempo

Z-labordeta-3[1].jpgHa muerto José Antonio Labordeta, ese maño tan simpático que hizo de la sencillez un arte. Todos cantamos alguna vez a coro su Canto a la libertad, que fue uno de los himnos de un tiempo que ya está haciendo cuentas. Hubo muchos himnos en las voces de muchos, desde Jarcha a Taburiente, con raíces populares una veces y otras menos, pero siempre con el futuro como estandarte, porque los cantautores y cantautoras de entonces ponían voz a nuestros deseos. Miguel Ríos se retira, Lluis Llach lo hizo hace unos años, Paco Ibáñez, Gullermina Motta, Raymond, Javier Krahe, Luis Pastor, Rosa León, Aute y otros tanto apenas aparecen. Queda Serrat en todo su esplendor, pero ya está también de vuelta.
Con la muerte de Labordeta se pone un nuevo candado a la memoria, porque él, como muchos, fue nuestra voz. Y ese Canto a la libertad del entrañable aragonés tiene la facultad de trasladarnos a un tiempo en el que el futuro era posible, con ese aire español y ciertas remembranzas chilenas de Víctor Jara. Aquella canción nos empujaba. Es una lástima que te vayas, amigo José Antonio; es una ley biológica, nuestras vidas tienen todas fecha de caducidad. Pero la ilusión es perpetua y se mantiene con las ideas. Y es que ahora mismo nos hace falta volver a pensar, porque tratan de robarnos hasta la esperanza. No quiero que te vayas pensando que finalmente han ganado los malos.