Un mundo sin ley
A veces tengo la sensación de que habitamos un mundo en el que la ley es papel mojado, que los ordenamientos jurídicos son mera teoría y que impera una especie de ley de la selva, donde la fuerza bruta es el dinero.
Acaban de subastar en Londres un tríptico flamenco pintado en el siglo XVI por Ambrosius Benson que fue robado en Nájera en 1913. Está claro que la procedencia de esta obra de arte es ilegal, y por lo tanto lo correcto sería devolverla a sus verdaderos dueños, es decir, la localidad española de Nájera. Pero no. Las gestiones del Ministerio de Cultura español no han surtido efecto, y aunque haya pasado casi un siglo del robo, el tríptico sigue siendo robado.
Pero, claro, en el camino hay derechos adquiridos por los sucesivos compradores, y eso hace que finalmente los ladrones se salgan con la suya, aunque sea con un siglo de retraso. Siguiendo este sistema, sólo es necesario que pase el tiempo para legitimar un acto reprobable. Y este es un mínimo ejemplo de cómo a veces los hechos consumados se imponen a cualquier otra lógica.