Publicado el

Tiempos revueltos

Yo no sé si dios creó al hombre, pero sí estoy convencido de que el hombre ha creado a un dios en cada momento según le ha convenido. Y esos símbolos dan miedo. La convivencia debe regirse por normas democráticas, como el código de la circulación, pero cuando sacralizamos palabras y conceptos como pueblo, bandera, democracia, constitución, estatuto, himno… Entonces estamos sacralizando lo que es simplemente un instrumento práctico, terrenal y necesario. Dan miedo estos tiempos, supuestamente democráticos, en los que se milita en el nacionalismo a ultranza, en la suprema unidad de la patria, en el ecologismo irracional o simplemente en un tipo de música que crea maneras de vestir y conductas que casi siempre conducen a la intolerancia. Si llevas un suéter sobre los hombros eres un pijo, si comes carne eres un violento, si cantas rancheras eres un antiguo.
zzzislettta.JPGEs para echarse a temblar cuando empieza a haber salvapatrias, paladines de la democracia y guardianes de leyes de convivencia que se veneran como libros sagrados. El que piense que aquí debe haber una agencia tributaria por autonomía es un traidor a la unidad de la patria, el que piense lo contrario es un fascista irredento, y en casi todo igual. Eso se llama intolerancia, es decir, el que no piense como yo es mi enemigo. Las leyes son herramientas que nada tienen que ver con lo sagrado. Se pueden y se deben cambiar a veces. Para empezar y terminar, nada hay sagrado más allá del respeto al otro, y automatismos nos están ahogando y metiendo en un mundo cerrado y virtual que sólo se ve en los móviles y en cientos de canales de televisión, pero que no existe en la realidad.

Publicado el

La gran mentira del petróleo


Entre noticias y desmentidos, ahora mismo no sabemos qué pasa exactamente con ese petróleo que puede haber en el fondo del mar al noreste de Canarias. Aparte de los peligros medioambientales obvios y catastróficos para un territorio tan sensible como el nuestro, si los cálculos de 140.000 barriles diarios que esperan extraer suponen unos 5.000 millones de euros anuales en el mercado a precio de hoy, nadie nos dice con excatitud qué parte de ese dineral recaerá en Canarias, porque ya sabemos cómo funciona la aritmética de los impuestos con las grandes corporaciones. Está claro que el beneficio no será del pueblo más allá de esa parte impositiva y unas docenas, no más, de puestos de trabajo. Como esos impuestos serán estatales, a Canarias le va a tocar la parte porcentual del porcentaje, un galimatías numérico que si deja un número de tres cifras en millones de euros podemos darnos con un canto en los dientes. Mientras tanto, se pone en riesgo una actividad turística que genera muchos cientos de veces esa miseria tanto en dinero como en empleo. Aunque haya petróleo, el beneficio será ridículo para los canarios y el riesgo tremendo. Es decir, el acuerdo del embudo (fonil), lo estrecho para el pueblo canario, y lo ancho para unos cuantos listos que serán los que llenarán el odre. El lenguaje traiciona, porque los promotores hablan de «oportunidades de negocio». Claro, siempre hacen negocio los mismos. Es que aunque fuera seguro al cien por cien, la incidencia en el bienestar de los canarios podríamos calificarla de «despreciable» en términos matemáticos. Cuando en la publicidad aseguran que Noruega ha aumentado su riqueza nacional no sé cuántas veces gracias al petróleo, no dicen cuáles son las condiciones de explotación, qué parte es del estado noruego y cuál la de terceros, si es que los hay. Vamos, la escondida bolita de los trileros.
zzzztrileross.JPGPor otra parte, ya estoy harto de que algunos traten de ignorantes a quienes denuncian estas falacias y advierten de los peligros, y se ponen muy nerviosos porque no quieren perder esas «oportunidades de negocio» que sin duda habrá para ellos. Para tratar de calmarnos (porque es verdad que estamos muy contrariados, por decirlo con flema británica), nos dicen que todo está amparado por gradilocuentes leyes protectoras (¿protectoras de quién?). Pretenden que nos creamos que una ley de conveniencia puede detener una marea negra de consecuencias mediomabientales y económicas apocalípticas para dos millones de personas. No traten de meternos el dedo en la boca porque ya hemos visto qué extraña relación tienen en España las leyes con la justicia. Que no, que lo del petróleo es un timo. Otro más. Y ya que estamos, a estas horas la Real Academia de la Lengua debería haber emitido una orden de busca y captura contra quien redactó la consulta que quiere hacer el Gobierno de Canarias sobre este asunto. Es que esto es una timba.

Publicado el

Fútbol sí pero no

imagen1.JPGEl fútbol fue inventado por los magnates ingleses para las masas, hartos de que el populacho se inmiscuyera en los refinados juegos de pelota con que las clases altas se divertían en los clubs de campo. Wimbledom no estaba hecho para obreros. Los asalariados no tenían la delicadeza y la pericia necesarias para jugar al badmington, al polo o al tenis, juegos que utilizaban las manos. A los de abajo había que inventarles algo que se jugase a la patada. Juanito Rodríguez Doreste decía que el Primer Ministro británico debió encargar un estudio a alguna comisión de expertos pelotaris que por fin dieron con la solución: ¡eureka, el fútbol!. Y como los ingleses eran en la práctica dueños de medio mundo, llevaron el nuevo deporte a todas sus colonias y a los países que, sin pertenecerles oficialmente, dominaban por el mercado. No cuajó en La India ni en Africa Oriental, pero sí que aprendieron enseguida a dar patadas a un cuero en el Río de La Plata, en Río de Janeiro y, por supuesto, en todos los ríos de Europa. Ahora resulta que explotando el espíritu ancestral y a veces artificial de tribu, para muchos grupos humanos, incluso naciones, un equipo de fútbol es su seña de identidad, aunque sea un invento inglés, esté repleto de foráneos y finalmente todos los equipo de fútbol sean lo mismo: un grupo de jóvenes (a veces inmoralmente multimillonarios, que esa es otra) dando patadas a un balón. Por eso siempre digo que me gusta el fútbol bien jugado desde el minuto uno hasta el noventa, y aborrezco todo lo demás que hay alrededor: publicidad, dinero, política… Cualquier cosa menos deporte.