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El depredador del planeta

Desde que existen tribus dominantes, imperios, revoluciones y contrarrevoluciones, el poder -cualquier poder- ha tratado de perpetuarse a toda costa, y quienes han ocupado la zona más alta no han dudado en usar todos sus recursos para controlar a los sometidos, aunque incluyera la destrucción física de estos. Las pocas veces que se invirtieron los papeles, el resultado fue el mismo. Hace más de cinco mil años que la Humanidad empezó a dejar por escrito su devenir colectivo (antes hubo sistemas simbólicos de escritura más ritual que intelectual), y vemos que siempre se repite la misma historia: dominadores y dominados. Los únicos animales que agreden por sistema son los que han sido adiestrados para ello por el hombre, porque hasta la fiera más letal ataca siempre porque tiene hambre o porque se ha invadido el territorio que garantiza su supervivencia. Solo el ser humano destruye incluso a su propia especie por motivos de poder, sea una nación contra otra, una clase sobre otra, una pandilla urbana para mantener su extraño dominio de una zona o una persona sobre un semejante.
zzzmarquesina.JPGEl ser humano alcanza niveles de crueldad, violencia e insensibilidad como ningún otro, por lo que la conclusión es muy nítida: somos los depredadores más peligrosos del planeta. Por dinero -que es poder- dejamos que mueran enfermos con una cura posible, alentamos guerras que son un lucrativo negocio incluso después de acabadas y condenamos al hambre o la esclavitud a adultos y menores indefensos. A veces, el nivel de crueldad se maquina aunque de ello no se obtenga beneficio; el ejemplo de este último exponente terrorífico es poner apoyabrazos en los asientos de las paradas de transportes públicos; ¿para comodidad de los viajeros que esperan? No, para evitar que los sin techo puedan acostarse en los bancos cubiertos por una marquesina que los resguarde de la lluvia. Crueldad gratuita.

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Las victorias del petróleo

La verdad es que cada día admiro más a los políticos por esa capacidad de disparatar sabiendo que los demás sabemos que disparatan. Paulino Rivero se lo apunta como una victoria, por lo que deduzco que los sacrificios que ha ofrecido a los dioses de Ucanca han hecho desaparecer los hidrocarburos. A ver, presidente, NO HABÍA PETRÓLEO. Las voces del Partido Popular, por su parte, desautorizan al Gobierno de Canarias y a los cabildos de Lanzarote y Fuerteventura, y los acusa de malgastar dinero público en campañas. Unos y otros tratan de venderse como ganadores de no se sabe qué, porque este año hay citas electorales y -es una opinión personal- están ahuyentando a los electores, que luego votarán -si es que votan- lo que mejor les parezca, con lo que tendremos otra función de rasgado de vestiduras.
DSCN4335667777.JPGPorque aquí la culpa siempre es de otros: el gobierno central es insensible con Canarias (véase lo que pasa en transportes, sanidad, educación o asuntos sociales), y el gobierno de Canarias se golpea el pecho a lo Tarzán porque en 2014 se ha batido el récord de turistas y de gasto por visitante, y no ha movido un dedo para que esa bonanza se refleje en puestos de trabajo y calidad del empleo y los salarios (¡que hay un 33% de paro, presidente!). Así que, el culebrón que ya ha empezado se lo regalo, voy a hacer zapping mental. Creer, lo que se dice creer, ya no creo a nadie, porque hasta el Papa Francisco ha perdido un oportunidad para callarse cuando habló en Filipinas de los atentados de París.

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La hipocresía y la desvergüenza

azxcFoto0104.JPGLa hipocresía es la conducta que trata de aparentar lo que no es. Supongo que nació en el mismo momento en que se manifestó el primer atisbo de inteligencia humana, y desde las culturas más antiguas fue criticada como contraria a la sinceridad. Al mismo tiempo, el mundo y los siglos de cultura se han construido también desde las apariencias, ocultando lo menos agradable y tratando de que lo que se viera fuese lo que la sociedad tenía como virtuoso en cada momento. Se decía, por ejemplo, que la mujer del César no solo debía ser honesta, también tenía que parecerlo. Las apariencias otra vez. Para convivir tratamos de combinar la sinceridad con una especie de hipocresía social, de otra forma estaríamos en conflicto permanente. Lo que ya no tengo claro es en qué punto estamos ahora mismo en este mundo, en el que se supone que hay que mantener unas posiciones lógicas y equilibradas, aunque solo sea con vista a los demás. Me da la impresión de que nos hemos quitado la careta, porque ya nuestra sociedad no oculta su clasismo, su racismo y la maniobras que antes no eran públicas. Hay 10.000 muertos por ébola en África y no pasa nada; se infecta una persona en España o en Estados Unidos y es noticia permanente en todos los informativos. Unos terroristas matan a docena y media de personas en Francia y el mundo se paraliza y se manifiesta en París con sus más altas personalidades a la cabeza; otros terroristas asesinan igualmente a 2.000 personas en Nigeria y no pasa nada, como tampoco pestañeamos con las docenas y docenas de muertos de cada día en atentados tremendos en Afganistán, Siria Irak o Paquistán. Los que mueren de hambre tampoco interesan. Es que ni siquiera se guardan las formas, y ya casi son recorrido turístico los sin techo que ha dejado la crisis en el Primer Mundo. Y los dirigentes (no solo los políticos, que también) siguen mintiendo, sabiendo que lo sabemos, con sus estómagos llenos y sus carísimos ropajes bien planchados. Si la hipocresía es mala, no sé qué decir de la desvergüenza y la insensibilidad.