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¿Es Esperanza Aguirre el general De Gaulle?

Aunque tienen connotaciones muy curiosas y significativas, no voy a recurrir a la etimología de dimitir, pues está al alcance de cualquier teclado. No conozco ninguna clasificación psicológica, sociológica o política, por lo que me aventuro a establecer por mi cuenta algunas diferencias en las razones por las que alguien se hace a un lado y deja el camino libre, que es uno de los significados de verbo tan solicitado y tan poco conjugado, especialmente en España. Se podría hacer un rutilante trabajo para una revista sobre renuncias muy sonoras y sonadas, desde las del rey Juan Carlos (y antes su padre) o el papa Benedicto XVI, hasta las de Nixon, el Duque de Windsor o las más recientes de los dos penúltimos directores del FMI. En las que se producen por supuesta iniciativa de quien dimite y luego vemos que desaparece de la escena, los motivos van desde la salud o el cansancio hasta los imperativos de la costumbre, la imposibilidad estética para seguir o las que son «sugeridas» por amenazas, chantajes o directamente por la fuerza. Quien dimite, deja de estar y punto.
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Los pactos y las ondas gravitacionales (*)

-Hombre, Marcial, ¿ya guardaste los animales?
-Sí, Panchito, y veo que usted anda todavía preparando el ordeño.
-Es que anduve regando las papas con la dula de agua de la heredad, que me tocaba esta tarde. Pero dime, te veo contento ¿qué nuevas traes?
-Nuevas, lo que se dice nuevas, pocas, pero a uno le alegra tener razón.
-¿A qué referencia?
-Lo que hablamos sobre el desarrollo de la Ley de la relatividad de Einstein el jueves pasado en el partido de envite.
-Siempre estuve por lo positivo, el espacio-tiempo es elástico, por muchas vueltas que le den.
-Fíjese que hoy, cuando fui a la farmacia a buscar las pastillas de la presión, me contó el farmacéutico que ya han registrado con un aparato las ondas gravitacionales.
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Silvana Pampanini: el mito estuvo aquí

La muerte de la actriz italiana Silvana Pampanini el pasado Día de Reyes a los 90 años de edad ha vuelto a regurgitar la memoria de la película Tirma, rodada en Gran Canaria en el año 1954. La película, por decirlo suavemente, no forma parte de la gran historia del cine, a pesar de que hay nombres luminosos como los del italiano Mastroianni o el español Rodero, ambos principiantes, o el ya entonces consagrado actor mexicano Gustavo Rojo, hijo de la escritora canaria exiliada Mercedes Pinto. Forma parte de la memoria insular más por los avatares del rodaje y de las historias que se contaban, fueran ciertas o no, que por el nivel de la cinta, basada en una obra teatral de Juan del Río Ayala y que narra un episodio alrededor de la conquista de Gran Canaria. Silvana Pampanini encarnó a la princesa Guayarmina.
0-PICT017c0.JPGAquel rodaje y sus leyendas circundantes convirtió en mito la película, por lo que significó en la sociedad canaria de los años cincuenta, en la que se remontaba una posguerra terrible y seguía bajo una dictadura férrea y unas costumbres religiosas muy cerradas. Y para entenderlo, también tenemos que sumar la propensión de aquella década a mitificarlo todo, hasta tal punto que llegan hasta hoy los ecos de hechos y personajes que, aunque algunos tuvieron leve o gran relevancia, en otros se exageraba o se reinventaba añadiendo imaginación en unos casos y fanfarronería en otros. Continuar leyendo «Silvana Pampanini: el mito estuvo aquí»