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Tiempos de sofistas con máquina perversa

Utilizar verdades a medias y argumentos incorrectos es una práctica utilizada para sacar provecho de una situación, justificar un error propio o inducirlo en los demás y siempre con fines interesados. Aristóteles llamó sofistas a quienes utilizaban trampas dialécticas, para tratar de envenenar las palabras, embelesar al que escucha y convertir en fuertes los argumentos insustanciales o incluso falsos. Los sofismas están de moda porque son usados continuamente para enaltecer lo propio o descoyuntar lo ajeno. Se llega al insulto grosero a la inteligencia, porque se repiten razonamientos que son obviamente erróneos que se apoyan en consideraciones cuya falsedad está a la vista de todos. 1111IMG_0812.JPGCuando Rajoy y la gente de su partido dicen que han ganado las elecciones, no mienten del todo, pero lo dejan ahí y a continuación extraen la conclusión que ello les da derecho a gobernar. En una democracia parlamentaria, si no hay una mayoría absoluta, haber sido el partido más votado no convierte a su líder automáticamente en presidente del Gobierno, porque quien lo inviste es el Parlamento representativo que sale de las urnas, no las urnas. Por lo tanto, no hay impostura cuando alguien de un partido que no ha sido el más votado es investido, puesto que así son las reglas mientras no sean cambiadas. Continuar leyendo «Tiempos de sofistas con máquina perversa»

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Se recoge lo que se siembra

Lleva siglos ocurriendo, pero no aprendemos. Es una norma que podríamos llamar matemática que cuando un organismo se siente atacado, aunque a veces el miedo o la confusión lo paraliza, acaba devolviendo el ataque, y no siempre en la misma proporción que el recibido. Esa es otra constante que se repite, la desproporción de la respuesta. Ocurre en todos los seres vivos y también en el ser humano, tanto en sus relaciones individuales como cuando forma parte de un grupo que lo diferencia como tribu, nación o por motivos religiosos, raciales o de otra índole. El territorio o la forma de vida en cualquier aspecto, o ambas cosas, son el aire que levanta la ola. Y esto suele suceder por la falta de sensibilidad y preparación de la dirigencia, sea política, económica o social. Un pequeño error con el otro origina una respuesta, 33DSCN4288.JPGque al ser desproporcionada incita a devolverla para equilibrar, y así va creciendo la bola de la violencia y el desconocimiento y llega un momento en el que ya nadie sabe qué fue primero, por lo que la tendencia es echar la culpa al otro. Si los dirigentes conocieran la Historia, sabrían que esta escalada de errores está en el origen de casi todas las guerras y las subsiguientes calamidades. Digo casi, porque los motivos se completan cuando al frente de una comunidad hay alguien con muchas ansias de poder y ataca al otro sin más, aunque hasta en esos casos ese liderazgo irracional tiene seguidores porque hubo errores que crearon el caldo de cultivo.
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Hablemos, pues, de religión

Ya que estamos en una semana históricamente enclavada en asuntos religiosos, hablemos de religión. La clave de las creencias religiosas es la fe, pero ese es un sentimiento personal. Strictu sensu, hay varias definiciones del concepto «religión». Una de ellas re refiere al culto a la divinidad, los ritos y la veneración; otra dice taxativamente que es una obligación de conciencia. Una es la que exhibe signos externos, la otra guía las conductas. No son excluyentes, pero generalmente se da mucha importancia a la primera y poco se valora la segunda. Para no meternos en latinajos, etimológicamente significa «acción y efecto de atarse fuertemente con Dios». Si nos ceñimos a nuestro espacio, son judeocristianos hasta los ateos de nuestro ámbito histórico y cultural. Hubo un tiempo -casi toda la Historia- en que las religiones eran la única ley, y el poder se convertía en teocracia directa o indirectamente, y como el poder lo acomoda todo a su conveniencia, las interpretaciones religiosas a veces tienen poco que ver con el origen. Continuar leyendo «Hablemos, pues, de religión»