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¿Quién quiso y no pudo y quien pudo y no quiso?

Esta legislatura breve y languideciente a la fuerza ya no admite más comentarios: se comenta por sí misma, y deja en evidencia la ineptitud de quienes se dicen representantes de la soberanía popular. Se supone que la política no es una profesión y que las personas que acceden a ella son elegidas por sus conciudadanos porque son idóneas para desempeñar una función necesaria para la colectividad. Pero resulta que no, que el sistema de partidos políticos, fortalecido adrede por la Constitución de1978, ha originado nuevos centros de poder, IMG_1037.jpgque se mantienen por el sistema de listas cerradas, y de esta manera se convierten en profesionales de la política. No están en un cargo circunstancialmente como un paréntesis de su vida para aportar su talento a la sociedad, sino que acaban olvidando cuál es su función y de dónde proviene su mandato. Continuar leyendo «¿Quién quiso y no pudo y quien pudo y no quiso?»

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¿Para qué una Feria del Libro?

20140426_145101.JPGFigura en todos los libros de citas que Oscar Wilde dijo que el arte es bastante inútil. Debo suponer que esta frase ha llegado a través de una mala traducción, porque si el adverbio «bastante» es pobre, ambiguo y medroso para mí, imaginen la imposibilidad de usarlo para un cirujano del lenguaje preciso como el autor irlandés. Pero la idea es clara, y sería remachada por los artistas franceses de las vanguardias cuando proclamaban que la inutilidad del arte es la base de su grandeza, porque todo lo inútil es lo que nos hacen diferentes de los animales. Continuar leyendo «¿Para qué una Feria del Libro?»

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Los pactos y la Excalibur de Arturito

excalibur1.JPGPor lo que se está viendo, visitar al ciudadano Felipe de Borbón (Alberto Garzón dixit) no parece que surta efecto alguno para tratar de alcanzar un acuerdo del que emerja un gobierno. Y es que ya casi esperamos que el gobierno emerja como La Dama del Lago y entregue al Arturo (lo dejamos en Arturito) escogido la espada Excalibur, que era muy hermosa, mágica y tal y cual, pero que no se podía usar. Para la guerra Arturo tenía otra. Vamos, como que te den un cochazo que no se pueda mover. Y Arturo iba por ahí exhibiéndose: «¡Eh, que soy el chachi de la Excalibur!» O lo que es lo mismo, «Yo soy el tipo del Lamborghini Huracán en el garaje». Y ese gobierno no quiere surgir, emerger o materializarse, porque parece ser que el ciudadano Felipe de Borbón no tiene las artes de encantamiento del mago Merlín. Continuar leyendo «Los pactos y la Excalibur de Arturito»