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Máscaras

máscaras.jpgDice la canción que la vida es puro teatro, y es verdad, porque cada uno de nosotros representamos nuestro papel, generalmente el que se espera de nosotros, aunque no sea eso lo que realmente queramos hacer.
Lo vemos cada día, sobre todo en el ámbito político, sobre todo en las tertulias radiofónicas o televisadas, y en los artículos de determinados columnista que siempre atacan o defienden a marchamartillo lo que conviene a una opción política concreta. Da igual lo que sea, siempre encuentran argumentos para justificar lo injustificable o para escarbar en lo que está bien hecho con tal que responda a los intereses de un opción.
Hace tiempo que cambio de canal o de emisora cada vez que me tropiezo con una de estas tertuilas, y me salto los artículos de determinados columnistas. Ya sé lo que van a decir, siempre a favor o siempre en contra, y lo más triste es que pasan por ser las estrellas del periodismo en nuestro país, pero da la impresión de que carecen de criterio. Es una pena.

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Lápiz corto-memoria larga

La informática nos gobierna y determina parte de nuestras vidas. Cuando tenemos un problema con el ordenador, se rompe el ritmo, nos encontramos incomunicados y ya roza la catástrofe si un virus nos inhabilita la máquina hasta el punto de hacernos perder la libreta de direcciones de nuestros contactos por correo electrónico.
Teclado-de-ordenador-28283[1].jpgDecía Unamuno que vale más tener un lápiz corto que una memoria larga, y eso sigue valiendo hoy, porque tenemos las largas memorias de los ordenadores y los móviles, pero si se nos estropea el aparatito no podemos siquiera llamar a nuestro mejor amigo. En la memoria de los móviles están los números que hemos ido introduciendo y que luego usamos sólo con la llamada del nombre, pero no nos sabemos las nueve cifras del teléfono de nuestros hijos o de las personas más cercanas.
De modo que, cuando se nos rompe el móvil o el ordenador nos quedamos fuera de circulación. Por eso es buena la medida de tener una libreta manual con esos números y esas direcciones de e-mail, usando el lápiz corto de Unamuno. Si es así, cuando se nos estropee el móvil o el ordenador siempre podremos recurrir a la memoria física de puño y letra. Hay que hacerlo, porque tarde o temprano las máquinas se paran.

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Derechos, declaraciones y realidades

En estos días se han estado celebrando actos con motivo de los sesenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, realizada en la ONU el 10 de diciembre de 1948. Ya escribí aquí que antes hubo otros documentos de gran importancia histórica, como el texto sobre los Derechos Humanos redactado por George Mason, 1331.jpgque sería el inspirador del que escribiría en 1776 Thomas Jefferson, que proclamaba la igualdad de los ciudadanos ante la ley y reconocía una serie de derechos naturales e inalienables para toda persona, como la vida, la libertad o la búsqueda de la felicidad.
Durante la Revolución Francesa, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de agosto de 1789, y paralelamente se redactó La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, aunque el machismo imperante hizo que los varones revolucionarios no vieran con buenos ojos la entrada de la mujer en la política (decían que bastante habían tenido con María Antonieta). Por eso continuó la lucha y en 1848 se redactó en Nueva York La Declaración de Seneca Falls, durante la primera convención sobre los derechos de la mujer en Estados Unidos, organizada por Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton.
Después de 1948 fueron proclamados los Derechos del Niño (1959), y hay declaraciones de todo tipo que amparan a las minorías, a los diferentes y a todo ser humano que se precie de serlo.
Es decir, que por declaraciones que no quede, lo que hace falta es que se cumplan, porque la mujer sigue discriminada en casi todo el planeta (en algunas zonas de manera brutal), los niños siguen siendo utilizados en su inocencia como sicarios, esclavos y soldados obligados, y en definitiva, suena a sarcasmo tanta celebración de ese aniversario, cuando sabemos que con sólo el 1% del dinero que han metido los gobiernos para salvar bancos se podría erradicar la pobreza en todo el planeta.
Asistimos, por lo tanto, a un nuevo capítulo de un serial de hipocresía que ya suena a burla.