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La medida del tiempo

Como por estos días fue el cumpleaños de alguien con quien voy mucho, me viene a la mente toda la charlatanería sobre el momento en que uno nace, pues ya sabemos que La Tierra se las ve cada año con muchas constelaciones y sin embargo en el zodíaco sólo hay doce, lo cual indica que es un camelo. Cumplir años es una manera como otra cualquiera de medir el tiempo, y al fin y al cabo la vida de una persona es un suspiro en la historia del planeta, que se mide en cientos y miles de millones de años, y por ahí dicen que Mozart es inmortal porque su música ha perdurado poco más de dos siglos.
zzDSCN3232.JPGEsto de la eternidad es otro camelo, o afirmaciones de tan escaso rigor como que quienes nacen en primavera son gente alegre y los que nacen en otoño son melancólicos, que es bonito si se asocia la melancolía a la sensibilidad, y horrible si se equipara a la cursilería. Así que, el tiempo es arbitrario, y nadie va a hacerme creer que alguien es así o asao porque a la hora en que nació se inclinaba no sé cuántos grados sobre la vertical de Libra una estrella que está en la quinta puñeta. La demostración más clara de que todo eso del zodíaco es una tontería es que Chaplin y Hitler nacieron ambos en 1889 bajo el signo de Tauro, con cuatro días de diferencia, y ya me dirán en qué se parecían. Yo creo incluso en cosas que aún no se han explicado, como la sincronía, pero de eso Eisntein sabía mucho y tampoco pudo explicarlo. Que John Adams y Thomas Jefferson, dos padres de la nación americana, 2º y 3º presidentes de Estados Unidos, murieran el mismo día de 1826, que encima era 4 de julio, cuando celebraban con muchos fastos el día del cincuentenario de la Declaración de Independencia, supongo que será casualidad. O no.
El torero Juan Belmonte le preguntó a Ortega y Gasset que a qué se dedicaba, y Ortega le dijo: «Soy filósofo». A lo que el torero sentenció: «Hay gente pa’ tó». Y como hay todo tipo de personas, gente que incluso nos quiere, es razón suficiente para felicitarse y una disculpa excelente para compartir una cerveza (que tiene omega3).

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La confusión

zxconf.JPGLos políticos andan siempre metidos en definiciones, y mezclan churras con merinas. Ya no está claro quién es el gobierno, si este es el Estado, o qué significa nación. Algunos, como Luis XIV, creen que el Estado es cada uno de ellos, cuando, con la Constitución en la mano, sólo es una parte del gobierno. Una conspiración contra la persona de Zapatero no lo es en sentido riguroso contra el gobierno, y mucho menos contra el Estado. Los grupos de oposición, dependiendo de la respiración de cada uno, se lo montan a su aire, confundiendo términos en una babélica ceremonia de la confusión. Esto no es raro si ya en la Constitución de 1978 se usa nacionalidad en lugar de nación, y se pervierte la semántica para suavizar lo que no debiera tener vuelta de hoja. Lo malo de todo esto es que cuando se confunden las palabras acaban embarullándose los conceptos. Y es que los paños calientes conducen inexorablemente a la mentira. ¿Que por qué digo esto? Porque este mi blog.

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El día de la duda

Primero cogieron a los comunistas,
y yo no dije nada porque yo no era un comunista.
Luego se llevaron a los judíos,
y no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los obreros,
y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista.
Luego se metieron con los católicos,
y no dije nada porque yo era protestante.
Y cuando finalmente vinieron por mí
no quedaba nadie para protestar.

zzDSCN3086.JPGEste poema de Bertol Brecht no necesita explicación. Lo pongo en el post en este día en que se ha convocado una huelga general, pero siento que todo es muy extraño, porque el ciudadano que va a la huelga puede temer que su acto determine un cambio de gobierno más todavía hacia la derecha, el que no responde a la convocatoria puede pensar que se ha hecho mal y tarde, o que los sindicatos moderan el efecto para que no caiga el gobierno, o que la derecha permanece callada esperando que caiga la fruta madura. En una huelga general como debe ser, el gobierno se juega su política, la oposición su capacidad para llegar al poder y los sindicatos su prestigio (muy desvaído últimamente). Pero en esta parece que nadie se juega nada, toca hacerla y el día 30 a seguir igual. Otra cosa sería una sorpresa.
Demasiadas dudas en un paisaje dominado por los miedos (unos lógicos y otros inducidos). La sensación es que lo que interesa a todos es hacerse un lavado de cara para alcanzar el poder o conservarlo, o para consumo interno de su clientela. Pero el poder no debiera ser un fin, sino un medio. Esa es la perversión de la democracia, porque al depender de las urnas, los políticos (y el sindicalismo es política al fin y al cabo) actúan en función de sus probabilidades de llevarse un voto, no de lo que entendemos por interés general. Esperen a los titulares del jueves de determinados medios de comunicación. Es todo muy confuso, y desde luego en este río revuelto tratarán de pescar las posturas más reaccionarias y antidemocráticas. Cuidado.