La guerra
Anteayer un coche-bomba en Líbano, ayer una bomba-lapa en Afganistán, hoy un periodista herido también en tierra de talibanes, mañana quién sabe. Por muy menudo que me lo piquen, nadie me quita de la cabeza de que estamos en una guerra, que se lleva a los muertos gota a gota o muchos de golpe, como pasó el 11-S.
Yo entiendo que los ejércitos pueden ejercer y ejercen labores humanitarias, en los terremotos, en los incendios y en las inundaciones. También forman parte de fuerzas de interposición en un conflicto abierto, para evitar que los enemigos se enfrenten directamente. Así es como se vende la presencia de las tropas españolas en Afganistán, pero que nadie olvide que España está en el bando que está y que no sabe muy bien entre quiénes interponerse. Más bien se hace a la callada la ocupación y el control de un territorio.
Y debieran decírnoslo así, porque todos conocemos a familias que tienen a sus hijos en el ejército profesional, y están con el alma en vilo, porque, digan lo que digan, van a la guerra.