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Europa como referente

La UE es ya la tercera potencia demográfica, con 500 millones de personas, detrás de China e India. Ya sé que muchos dirán que en Europa hay dos docenas largas de estados, otras tantas lenguas, media docena de religiones bien aposentadas y que sólo es una entidad económica. Es cierto, pero no hay que olvidar que China e India tampoco son uniformes, aunque desde aquí lo parezcan. También hay muchas lenguas, y si no hay estados sí que existen sistemas sociales muy diversos, incluso en esa China que quiere aparecer internacionalmente monolítica.
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A favor de nuestra forma de vida tenemos que decir que no hay una lengua que se imponga a las otras por la fuerza, ni un estado que domine a los demás. De hecho hemos estado seis meses presididos por Chequia, cuyo presidente es de aquella manera, y Chequia no es precisamente una gran potencia.
En contra hay que decir que faltan arrestos en la UE para dejar de bailarle el agua al imperio americano, que nos pringa siempre con los pifostios que monta por todas partes. Nos involucró en Irak y Afganistán, antes lo hizo en Los Balcanes y ahora presiona descaradamente para que la UE deje entrar a Turquía, donde no son campeones en respeto a los Derechos Humanos, sobre todo de las mujeres. Eso le falta a Europa, hacerse respetar por los grandes y tener su propia política.

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Polemistas de cartón-piedra

Hay algunos humanos terribles, sobre todo aquellos que tienen pasión por discutir, porque se invisten de un ropaje de intocables y siempre son los demás quienes tienen la culpa. Da igual de lo que se hable, siempre están enfrente.
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Hace unos años, cuando el telecupón lo dadan unas chicas ligeras de ropa, solía verlo junto a una persona mayor. Un día yo le decía que era muy agradable ver el sorteo con chicas tan guapas, y esa persona se me oponía tratando a las muchachas de lo peor. Al día siguiente yo decía que las chicas eran unas desvergozadas vestidas así, y la misma persona las justificada diciendo que eran muchachas serias y que de algo tienen que vivir.
Hagan la prueba; ante este tipo de personas -que abunda, no crean-, defiendan una postura sobre algo y esa persona sacará la otra, y discutirá aunque se trate de la ley de la gravedad. Si en otra ocasión defienden la opción contraria con la misma persona, no crean que va a estar de acuerdo, volverá a ponerse enfrente. Son así, polemistas de cartón-piedra, porque he oído decir cien veces que Zapatero o Rajoy están equivocados. Y la gracia está en que la misma persona me ha dicho un día que Zapatero lo hace mal y al día siguiente el inepto es Rajoy, depende siempre de a quién primero yo le haya colgado la eficacia o la ineptitud. En el fondo, son divertidos, porque uno no puede tomárselos en serio.

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Criminales míticos (y II)

juez.jpgEn la antigua Grecia, los mitos procedían de relatos ejemplarizantes, que servían para interpretar la vida cotidiana en cualquier tiempo, y así, hoy nos siguen valiendo Edipo, Electra, Pigmalión, Antígona o Ulises.
En el siglo XX, los medios audiovisuales, primero el cine y luego la televisión, nos han llenado de personajes míticos, fueran de esta época o de tiempos pasados. Estoy convencido de que Robin Hood era un criminal, pero si lo vemos en la pantalla con la cara de pillo de Errol Flynn nos cae hasta bien, lo mismo que Jesse James encarnado por Brad Pitt, el juez asesino Roy Bean (El juez de la horca) con los ojos de Paul Newman, el tortuoso estrangulador de Boston con la simpatía de Tony Curtis, el sanguinario Clyde interpretado por Warren Beatty o el retorcido Don Corleone en la piel de Marlon Brando.
Eso en Europa no suele suceder. Los famosos criminales europeos, desde el malvado Landru hasta el Vampiro de Düsseldorf nos asquean. En España nos horrorizamos con el crimen de Los Galindos, con Puerto Hurraco y con la matanza del expreso de Andalucía, y sin embargo los mitificados norteamericanos pistoleros a sueldo, asaltantes de bancos, traficantes de alcohol, mafiosos de la Cosa Nostra y asesinos en serie no nos producen rechazo. Debe ser la magia del cine, que del extermino de los indios y su cultura ha hecho un género, el western, que veíamos en la sesiones infantiles sin que hubiese la menor objeción ética.