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Unos días raros

Hoy y mañana son días raros. Lo normal suele ser que el día 2 de enero se empiece a funcionar lentamente, arrastrando el tedio y la resaca del día 1, pero esta vez cae en sábado, y luego el domingo, de manera que el 2010 llega a todos los efectos el día 4. Vamos que es un año que se resiste a empezar, con las ganas que teníamos todos de que se fuera el 2009.
z02.JPGPero ha empezado, y es el tiempo de los propósitos, aunque en los tiempos que corren vale aquello de «Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy». Es que hay pereza hasta para la lotería de «Los Rascaos», porque mucho Estado de las Autonomías, pero cuando hay que sortear algo Madrid arrasa. Y como todavía no tenemos el cerebro para pensar mucho, lo mejor en estos días es dejarse llevar y a ver cómo amanece el día 4, aunque conociendo el paño me parece que empezar, lo que se dice empezar, no lo veremos hasta el día 11. Pues eso, a dejarse llevar.

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¿Un año para olvidar?

Dicen que cada uno habla en la feria según le va en ella, y lamentablemente 2009 ha sido un mal año para mucha gente, pero para otros no, pero se ha instalado el pesimismo y todo son quejas por donde quiera que vas. Quienes mantienen sus ingresos no van a los bares, no compran ropa, no gastan, porque hay crisis, y sin embargo ellos siguen con el mismo poder adquisitivo que hace un año. No se dan cuenta de que cuando se retraen están generando más crisis, porque el dinero cuando rueda crea riqueza.
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(La natulaleza es un ejemplo de armonía)

Y es que el pesimismo es la peor de todas las recetas, porque dice un viejo adagio que nada hay que tenga más miedo que el dinero. Los políticos tampoco ayudan, porque con sus discursos catastrofistas se instalan en lo de «cuanto peor, mejor», cuando en situaciones como la presente hay que hacer una piña y tirar todos unidos. Pero claro, eso no, que luego puede ser otro el que recoja la cosecha de votos. Por eso yo creo que no hay que olvidar ningún detalle de este año, porque todos se retratan con sus actos y sus palabras. Ojalá cambie la actitud general, y por eso, en este último día del año viejo yo deseo un 2010 más optimista y más solidario, que la solidaridad no es sólo ayudar a una ONG o dar una limosna. Levantar el ánimo es empujar el crecimiento económico.