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Tebeto y el Proyecto Long

Mi gozo en un pozo. Yo, que soy coheredero de la montañeta de Embauca, una tierra yerma en las medianía, que apenas es capaz de sostener un zarzal y unas tuneras, estaba tratando de ponerme en contacto con el escultor británico Richard Long (Chirino no me servía porque al ser escultor canario nadie iba a hacerme caso), para proponerle que hiciera algo allí. Una fila de piedras como la que Long hizo en La Maladeta vendría bien, trazado de nordeste a suroeste (por aquello de la dirección de los vientos alisios), para fijar la posición de Venus en los crepúsculos veraniegos. z16[1].jpgLa moto se podría vender bien, argumentando que mirar el horizonte a través de la hilera de monolitos sería una experiencia única (igual de cósmica que verse en el centro del proyectado túnel de Tindaya), porque por un lado se puede imaginar (ver no se ve un pimiento) la cumbre nevada del Atlas, y por otro la inmesidad del océano hacia el Hemisferio Sur. Tenía programada una reunión con dos amigos, uno poeta y otro filósofo, para darle al argumento un contenido profundo, que nadie entendiera pero que todos explicarían con grandes palabras. Crearía la empresa Déniz S.L. y el Gobierno entraría al trapo poniendo media docena de millones. Como luego los ecologistas interpondrían un recurso porque por allí he visto anidar un par de cernícalos, la obra nunca se haría y al final tendrían que pagarnos cien millones por lucro cesante, que es mucho dinero para repartir entre tantos primos (lo de primos es por el parentesco, no va con segundas). Ya sé que no tiene lógica, pero como aquí ya se ha hecho, hacerlo una vez más es posible. El nombre estaba bien: «Proyecto Long».
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(¿Qué les parece la montaña de Embauca, de la cual poseo el 3,5714 %? Se puede apreciar el zarzal. Las tuneras no porque están por el otro lado)
Pero, ya digo, mi gozo en un pozo. La cosa es que esta sentencia del Tribunal Supremo sobre Tebeto sienta precedente, y pone en guardia a las administraciones. Así que me he gastado en balde las fotocopias y las llamadas telefónicas a Londres y tendré que ver con mis coherederos si me toca algún tuno o tal vez una cuantas moras salvajes. Qué desatre, con lo bien planteado que estaba…

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Tony Curtis, otro que se va

La muerte del actor Tony Curtis es otro episodio más de la liquidación de una segunda época dorada de Hollywod. Sin duda fue un gran actor, muy dotado para la comedia (género muy difícil), pero que convencía también en papeles dramáticos, con una carrera paralela a la de Jack Lemmon y de gran altura artística. Tenía el problema de que era un guaperas y muchas veces no se lo tomaban en serio por eso, y también es verdad que, si bien Lemmon mantuvo un alto nivel al elegir sus películas hasta el final, Curtis bajó la guardia a partir de los años 70 y trabajó en productos muy mediocres.
Pero eso no quita para que recordemos sus actuaciones memorables en películas como Winchester 73, Operación Pacífico, Taras Bulba, Espartaco y sobre todas Con faldas y a lo loco, un joya única de la historia del cine, que con apariencia de comedia -que lo es y muy buena- influyó en el cambio de mentalidad tanto como la minifalda, la píldora anticonceptiva y la novela Lolita. No se puede entender esa época de Hollywood sin Tony Curtis, y para los que entonces fuimos niños y adolescentes su figura está grabada a fuego en nuestra memoria al recordar bellísimas películas de entretenimiento como Trapecio, La carrera del siglo, Los Vikingos o No hagan olas. Era el héroe algo granuja e irresponsable que tal vez reflejaba su propia vida, pero era un granuja encantador.
zccurtis.JPGNunca tuvo el status de superestrella como Brando o Newman, ni la consideración de actor sublime como Kirk Douglas (que sigue vivo), Lawrence Harvey, Burt Lancaster o el mencionado Jack Lemmon, pero es pieza inexcusable en la historia de Hollywood y de nuestras vidas. Hoy le doy las gracias por los buenos momentos que me hizo pasar, y creo que a la larga será reconocido también como uno de los muy grandes.

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La confusión

zxconf.JPGLos políticos andan siempre metidos en definiciones, y mezclan churras con merinas. Ya no está claro quién es el gobierno, si este es el Estado, o qué significa nación. Algunos, como Luis XIV, creen que el Estado es cada uno de ellos, cuando, con la Constitución en la mano, sólo es una parte del gobierno. Una conspiración contra la persona de Zapatero no lo es en sentido riguroso contra el gobierno, y mucho menos contra el Estado. Los grupos de oposición, dependiendo de la respiración de cada uno, se lo montan a su aire, confundiendo términos en una babélica ceremonia de la confusión. Esto no es raro si ya en la Constitución de 1978 se usa nacionalidad en lugar de nación, y se pervierte la semántica para suavizar lo que no debiera tener vuelta de hoja. Lo malo de todo esto es que cuando se confunden las palabras acaban embarullándose los conceptos. Y es que los paños calientes conducen inexorablemente a la mentira. ¿Que por qué digo esto? Porque este mi blog.