Políticos, vacaciones y recortes
El viejo adagio popular dice que «En tiempos de guerra, no se oye misa», tratando de explicar que cuando hay que estar con los cincos sentidos en algo no hay tiempo de hacer otra cosa, que aunque sea importante lo es menos que lo principal. Y de alguna manera esta frase podría aplicarse a la actualidad, porque no está el horno para andarse con tonterías, y estoy esperando a ver qué vacaciones van a tomarse los políticos que ahora están llegando a ayuntamientos, cabildos e instituciones autonómicas. Entiendo que todo el que trabaja tiene derecho a un descanso reparador, pero cuando en la guerra se da permiso a un soldado siempre hay otro que ocupa su lugar en la trinchera. Es decir, lógico y humano es que los políticos tengan un período de descanso -es necesario para recuperar y volver con más brío- pero no que cierren las instituciones, porque chirría en las meninges que en verano cierre el Parlamento y que los distintos gobiernos no estén en pleno funcionamiento, cuando hay problemas urgentísimos que no pueden esperar a otoño. Para eso están los tenientes de alcalde, vicepresidentes y vice lo que sea, para que las instituciones sigan funcionando, y más ahora que hay temporal. Y es que los políticos -no todos, digamos que algunos-, sean del partido que sean, deben pensar que se merecen su cargo y que están ungidos por una gracia sobrenatural que los convierte en seres alados; cuando creía que algo había cambiado, veo informaciones en las que se refiere que un alcalde catalán se sube el salario el 32% y otro andaluz ha decidido tomarse un descanso de dos meses y no piensa dar clavo hasta septiembre. Los dos son del PSOE, pero tienen apoyos de otros partidos, y en cuanto al PP, resulta que el proclamado recorte de cargos e instituciones que María Dolores de Cospedal va a hacer en Castilla-La Mancha para controlar el gasto supone el 0,11% del presupuesto. Parece un chiste, pero así se las gastan los políticos a quienes por lo visto debemos estar muy agradecidos por dignarse a ser contemporáneos nuestros. Sin encima nos escucharan sería la leche.