El sesenta como número mágico
No nos damos cuenta, pero en nuestra manera de medir y contar conviven dos sistemas: el decimal que es el que usamos para números, cifras y balances, y el sexagesimal que tiene aplicaciones más relacionadas con la astronomía y con la geometría. De contar años, meses, días y horas en el sistema decimal, pasamos al sexagesimal cuando hablamos de minutos y segundos, y luego volvemos al decimal con las décimas, centésimas y milésimas. Es un acuerdo cotidiano que relaciona lo sexagesimal con lo circular, por eso lo relojes tradicionales son redondos, y se usa también para medir ángulos que finalmente son arcos de una circunferencia. La Tierra es prácticamente esférica, y el año casi se corresponde con los 360 grado de una circunferencia. Es curioso que cuando hacemos algo muy bien decimos que nos ha salido redondo, y todo eso tiene como base el número sesenta, con contiene 60 unidades de la magnitud inmediatamente inferior. Esto viene de los babilonios, que de esto sabían mucho, y buen sistema debe ser cuando los avances matemáticos y la práctica diaria en la que reina el sistema decimal no han podido eliminarlo. Así que, cuando mire la hora en un reloj de esfera, valore que el sesenta puede ser un buen número, pues en la antigua Mesopotamia -que eran de todo menos tontos-, el sesenta era el número redondo, perfecto, el número de la sabiduría.