Reconciliación, venganza y justicia
Entre la reconciliación y la venganza tiene que mediar la justicia. No hay otro camino serio. En España vivimos una Transición en la que se pasó página demasiado rápido, y de alguna forma buena parte del régimen anterior se prolongó en el poder y nadie se sentó en el banquillo de los acusados de la historia. Dicen que el momento no permitía otra cosa, y que Estados Unidos orquestó la puesta en escena, con el inefable Henry Kissinger al timón de la Secretaría de Estado. Luego, cuando en 1977 ocupó la Casa Blanca Jimmy Carter, tenido por blando y conciliador, el camino estaba trazado y ya se sabe que el imperio es una maquinaria que funciona en una sola dirección: su propia conveniencia. Ahora se habla de memoria histórica, y eso es lo justo, pero cuando las cosas se hacen mal y tarde (hacerlas tarde ya es en sí un defecto) originan reacciones no deseadas. Lo hemos visto en estos días con la resaca de la Conferencia Internacional de Paz de Ayete y con algunas declaraciones sobre el anuncio de ETA, y continuamente con las referencias a una justicia que no se aplicó en su momento a los crímenes del franquismo. La más reciente es la hace unos días protagonizó el cantante Nacho Vegas en Gijón, durante el homenaje a Leonard Cohen. Desde el escenario, Vegas le recordó a Cohen -gran admirador de la poesía de García Lorca- que, en estos días de festejos con motivo de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, tal vez tenga que estrechar la mano de alguno que asesinó al poeta granadino (en sentido figurado, supongo). Es como si viviéramos un tiempo en el que la cicatriz endeble de una reconciliación forzada se rompiera por su parte más débil, el humano deseo de venganza. Y eso sucede porque en su momento no se aplicó la medicina que siempre pone las cosas en su sitio: la justicia. Tomemos nota para no cometer ahora el mismo error.
usted puede ser un sanguinario dictador mientras convenga a mis intereses económicos. Es un aviso a navegantes, que se inscribe en la misma línea de lo ocurrido con Bin Laden, aplicando tal vez un «derecho» de guerra muy particular, por llamarlo de alguna manera. Sadam Husein, Mubarack y Milosevic llegaron ante un tribunal, pero es lo mismo, y este es un mensaje para los dirigentes de Siria, Irán y quién sabe si para los respondones líderes sudamericanos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Como dicen que dijo Roosevelt (otros afirman que fue su Secretario de Estado, tanto da) «Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta». Lo fueron también el Sha de Irán, Marcos de Filipinas, Pinochet o el propio Mubarack, y siguen siéndolo quienes gobiernan en Arabia Saudí, Marruecos, Kwait, Bahrein… Cuando ya no conviene, se arma a la oposición, o directamente se les echa encima la aviación de la OTAN o se cubren con la bandera de la ONU. Es una gran farsa, y que conste que Gadafi «no era bueno ni tostao» como dicen en mi pueblo. Y ahora, hasta los que lo han recibido con todos los honores, le han hecho regalos y lo trataron de amigo, corearán lo que se mande porque el tiempo de Gadafi ya ha terminado. ¿A quién le toca ahora?