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El accidente de Barajas


El accidente de Spanair en Barajas va quedar en la memoria colectiva de los grancanarios durante mucho tiempo como un puñal, y parece que se empeñan en hurgar en la herida cada vez que echan balones fuera sobre las implicaciones de lo sucedido. La compañía aérea escurre el bulto cuanto puede, las infraestructuras aeroportuarias también y el fabricante del aparato desvía su responsabilidad. Y mientras, la usencia de los seres queridos -a veces familias enteras- zzaviooooo.JPGno son tenidas en cuenta, pues lo reducen todo a cuestiones técnico-jurídicas que se eternizan y hacen más doloroso el tremendo proceso con capotazos aquí y allá. Cada sector trata de salvar la cara, porque hay intereses económicos, de imagen y hasta políticos. Si no hay responsabilidad en los fabricantes del avión, ni en los servicios aeroportuarios, ni en los controladores, ni en los técnicos de mantenimiento ni en nadie que estuviese fuera del aparato, es como decir que los responsable del accidente fueron los pasajeros por haberse subido al avión, y como mucho la tripulación, que por desgracia también falleció. Acabarán por decir que la responsabilidad del accidente recae sobre Isaac Newton, por haber deducido que la fuerza de la gravedad hace que los objetos caigan. Pero dentro de este objeto viajaban personas que no podemos ni debemos olvidar, y claman al cielo las dilaciones y las maniobras que tratan de eludir la responsabilidad en un hecho tan terrible.

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Cataluña y Euskadi

La izquierda abertzale ha dicho que el cese de lo que ellos llaman lucha armada no es el final del conflicto.Ya descubrieron el Mediterráneo. Para empezar, llamar lucha armada a 43 años de terrorismo es un eufemismo que no responde a su significado real. Hay lucha armada cuando lo están los dos contendientes, y ya se sabe que los muertos de Hipercor iban armados de peligrosísimas tarjetas de El Corte Inglés, que Gregorio Ordóñez empuñaba una pala de pescado en el restaurante donde le descerrajaron a traición un tiro en la nuca, y que el profesor Tomás y Valiente portaba el inquitante borrador de un examen. Lucha armada es cuando todos tienen capacidad legítima para defenderse, y aunque un guardia civil lleve armas no tiene ninguna posibilidad si le pones una bomba-lapa en el coche. Y es verdad, el conflicto no acaba, nos esperan otros cincuenta años de dimes y diretes sobre soberanismo, autodeterminación, mesas populares y referéndums peculiares sobre esto y aquello. Igual que ocurre ahora en Cataluña, lo cual hace que Euskadi tenga un concierto económico envidiable, Navarra una foralidad muy beneficiada y Cataluña siga tensando la cuerda porque al final siempre sale ganando.
zzxFoto0114.JPGEs indudable que el final de las pistolas es un gran paso adelante, pero la verdad es que estoy cansado de que el 70% de las noticias nacionales tengan que ver con Euskadi y Cataluña, cuando son el 20% de la población y el 8% del territorio. Que en España hay otras 15 comunidades autónomas que suponen el 80% de la gente y el 92% del espacio. Cierto es que Cataluña y Eskadi son dos comunidades industrializadas, pero ya vale de que los inmigrantes del resto de España que ayudaron con su esfuerzo a darles properidad sigan siendo considerados maquetos o charnegos. Yo creo en las autonomías, en la diversidad cultural, en la profundización en la rica cultura catalana y en el impulso para recuperar el eukera. Todo eso me parece legítimo y lo defiendo, pero también digo que estoy hasta el gorro de que Cataluña y Euskadi nos tengan siempre en vilo a la mayoría de los españoles, con lo que dan argumentos al ultranacionalismo español que se cocina en los cenáculos de Madrid. Los radicales vascos y catalanes le hacen la campaña electoral a los conservadores españoles, y estos a su vez le llenan las urnas a los otros. Parece que en el fondo se necesitan para seguir en la cresta de la ola. Por eso digo que el debate en Euskadi no ha hecho más que empezar, y va a durar la intemerata, porque a todos los dirigentes les conviene, se alimentan de eso.

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Reconciliación, venganza y justicia

Entre la reconciliación y la venganza tiene que mediar la justicia. No hay otro camino serio. En España vivimos una Transición en la que se pasó página demasiado rápido, y de alguna forma buena parte del régimen anterior se prolongó en el poder y nadie se sentó en el banquillo de los acusados de la historia. Dicen que el momento no permitía otra cosa, y que Estados Unidos orquestó la puesta en escena, zzvenganz.JPGcon el inefable Henry Kissinger al timón de la Secretaría de Estado. Luego, cuando en 1977 ocupó la Casa Blanca Jimmy Carter, tenido por blando y conciliador, el camino estaba trazado y ya se sabe que el imperio es una maquinaria que funciona en una sola dirección: su propia conveniencia. Ahora se habla de memoria histórica, y eso es lo justo, pero cuando las cosas se hacen mal y tarde (hacerlas tarde ya es en sí un defecto) originan reacciones no deseadas. Lo hemos visto en estos días con la resaca de la Conferencia Internacional de Paz de Ayete y con algunas declaraciones sobre el anuncio de ETA, y continuamente con las referencias a una justicia que no se aplicó en su momento a los crímenes del franquismo. La más reciente es la hace unos días protagonizó el cantante Nacho Vegas en Gijón, durante el homenaje a Leonard Cohen. Desde el escenario, Vegas le recordó a Cohen -gran admirador de la poesía de García Lorca- que, en estos días de festejos con motivo de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, tal vez tenga que estrechar la mano de alguno que asesinó al poeta granadino (en sentido figurado, supongo). Es como si viviéramos un tiempo en el que la cicatriz endeble de una reconciliación forzada se rompiera por su parte más débil, el humano deseo de venganza. Y eso sucede porque en su momento no se aplicó la medicina que siempre pone las cosas en su sitio: la justicia. Tomemos nota para no cometer ahora el mismo error.