La vergüenza sahariana
La situación del Sahara es impresentable, y la idea de que los saharauis puedan volver a la guerra es en estos momentos muy peligrosa porque inmediatamente caería sobre ellos la etiqueta de terroristas, y hasta se atreverán a relacionarlos con Al Qaeda para justificar cualquier acción brutal que se tome contra ellos. Una acción bélica suya es precisamente lo que esperan para aplastar de una vez por todas al pueblo saharaui. ¿No se ha hecho en Afganistán? Si Marruecos fuese una democracia no sería tan fácil para las potencias controlar las materias primas de la zona, porque a esas grandes compañías y a esos poderosos gobiernos les resulta mucho más fácil controlar el petróleo de los Emiratos Árabes que el que es propiedad de Noruega en el Mar del Norte. El probable petróleo del Sahara, el seguro gas natural, la riqueza de sus pesquerías y la existencia de los fosfatos de Bu-Craa no juegan precisamente a favor de que el conflicto se resuelva a favor de los saharauis. A España sólo le quedaría la dignidad de presionar para que no se sigan amontonando planes inservibles (Pérez de Cuéllar, James Baker). Pero ni siquiera eso hará, mientras nos montan un nuevo capítulo de la película de Gibraltar. Qué vergüenza.
-Verá, doctor Freud; cuando pequeña me gustaba ir al costurero de mi madre, cogía el alfiletero y pasaba tardes clavando alfileres a mi muñeca. Y mientras martirizaba a mi Mariquita Pérez deseaba fervientemente molestar a todo el mundo. Me encantaba ver a la gente cabreada.
-Verá, doctor Freud; cuando pequeño me gustaba ir al tocador de mi madre y le cogía las pinturas. Y mientras me pintaba la cara como Los Hermanos Tonetti soñana con que algún día actuaría con una nariz redonda y roja en una pista de circo. Pero nunca tuve ocasión, lo más cerca que estuve de conseguirlo fue durante mi etapa de Ministro de Educación.