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La vergüenza sahariana

zzsatelite-desierto-sahara-p[1].jpgLa situación del Sahara es impresentable, y la idea de que los saharauis puedan volver a la guerra es en estos momentos muy peligrosa porque inmediatamente caería sobre ellos la etiqueta de terroristas, y hasta se atreverán a relacionarlos con Al Qaeda para justificar cualquier acción brutal que se tome contra ellos. Una acción bélica suya es precisamente lo que esperan para aplastar de una vez por todas al pueblo saharaui. ¿No se ha hecho en Afganistán? Si Marruecos fuese una democracia no sería tan fácil para las potencias controlar las materias primas de la zona, porque a esas grandes compañías y a esos poderosos gobiernos les resulta mucho más fácil controlar el petróleo de los Emiratos Árabes que el que es propiedad de Noruega en el Mar del Norte. El probable petróleo del Sahara, el seguro gas natural, la riqueza de sus pesquerías y la existencia de los fosfatos de Bu-Craa no juegan precisamente a favor de que el conflicto se resuelva a favor de los saharauis. A España sólo le quedaría la dignidad de presionar para que no se sigan amontonando planes inservibles (Pérez de Cuéllar, James Baker). Pero ni siquiera eso hará, mientras nos montan un nuevo capítulo de la película de Gibraltar. Qué vergüenza.

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La consulta de Freud

zzzmariano-rajoy4.JPG-Verá, doctor Freud; cuando pequeño me gustaba ir al costurero de mi madre, cogía las tijeras y pasaba tardes enteras haciendo recortes de papel. Y mientras hacía trizas la edición de «El Faro de Vigo» hablaba con una amiga invisible, una niña gordita y pelirroja, pero nunca lograba entender lo que decía porque hablaba en alemán.

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zzzesperanza-aguirre[1].jpg-Verá, doctor Freud; cuando pequeña me gustaba ir al costurero de mi madre, cogía el alfiletero y pasaba tardes clavando alfileres a mi muñeca. Y mientras martirizaba a mi Mariquita Pérez deseaba fervientemente molestar a todo el mundo. Me encantaba ver a la gente cabreada.

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zzz4wert-detalledn[1].jpg-Verá, doctor Freud; cuando pequeño me gustaba ir al tocador de mi madre y le cogía las pinturas. Y mientras me pintaba la cara como Los Hermanos Tonetti soñana con que algún día actuaría con una nariz redonda y roja en una pista de circo. Pero nunca tuve ocasión, lo más cerca que estuve de conseguirlo fue durante mi etapa de Ministro de Educación.

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¿Qué vida queremos vivir?

Dice el aforismo popular que hay que tener cuidado con lo que se desea porque a veces ese deseo se cumple. Más de una vez hemos escuchado de otros o de nosotros mismos la expresión admirada de la vida supuestamente fascinante que tiene una persona que conocemos o de un gran personaje, cabeza de serie en lo suyo. No nos paramos a pensar que para vivir la vida de otro tendríamos que tener sus mismos gustos, amar a las misma personas que él ama y, en definitiva, calzarnos sus zapatos. zzapatitoscristal.JPGPuede que entonces no nos gustara tanto, y si nos clonamos a ese personaje seríamos él, como lo cual estaríamos como antes. Vaya como ilustración esta fábula:
En el extremo oriental de Europa había tres hermanas. La mayor deseaba levantar un gran casa que fuese admirada por quienes la contemplaran, y se puso a ello, día tras día, semana tras semana, y así durante años. A la segunda no le movía ningún gran proyecto, quería pasar desapercibida en el anonimato y a eso dedicó sus días, sin complicaciones ni angustias. La menor de las hermanas quería hacer el Camino de Santiago, echó a andar, vivió mil peripecias, pasó frío, calor, alegría, cansancio y llegó por fin a Compostela. Henchida de gozo, realizó el camino de regreso, y cuando volvió a su país, encontró a sus dos hermanas tan plenas como ella. Las tres desearon en algún momento vivir la aventura, la constancia o el remanso de otra de sus hermanas, pero siguió cada una su camino. Si hubieran intercambiado los papeles, alguna de las tres -o todas-, probablemente se habrían sentido frustradas, porque al final lo más decepcionante es no vivir la propia vida. Por eso desear la vida de otra persona puede no ser una buena idea.