¿Información, estrategia, circo mediático?
El fiscal de Marsella anuncia urbi et orbi que el copiloto estrelló el avión adrede. La fuente informativa es una grabación en la caja negra. De unos gritos y unos golpes en la puerta de la cabina y la respiración grabada del copiloto deducen toda una historia casi novelesca y le dan sello de certeza absoluta. Ya han decidido que el copiloto cerró la puerta, y no esperan a saber qué dice la caja negra de los datos. He leído malas novelas de intriga más verosímiles. Seguramente es como dicen, pero en estas cosas hay que ser muy rigurosos. ¿Recuerdan algún accidente aéreo en el que en minutos se paralicen visitas de Estado y se impliquen tres gobiernos con sus presidentes a la cabeza? ¿No habría sido más prudente esperar a tener más información antes de montar un guión partiendo de suposiciones que pueden interpretarse de muchas maneras? ¿Es que dan por sentada una versión precipitada para evitar otras teorías? (Ya saben, Oswald mató a Kennedy).
Casi todo es paja y especulación, cuando no chismorreo insulso. La cosa es así: un avión se estrella en Los Alpes; se tardará en rescatar e identificar a las víctimas; dentro de unos días (tal vez semanas) serán los funerales; hay que esperar el dictamen definitivo de las causas que den los investigadores después de estudiar toda la información que vayan recabando. No hay más. Y con eso, horas y horas de radio y televisión, opinando sobre esto y aquello (demasiadas personas que no saben de esto y aquello), y liando culebrones lacrimosos regodeándose en todas las historias personales de algunas de las víctimas, que nada tiene que ver con el derecho a la información y solo añaden confusión y dolor. Rumores casi siempre, suposiciones y la inventiva que se expande y multiplica con un simple golpe de Twitter.