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El gurú y el fontanero

zzzz--cafe.JPGHay demasiados teóricos consagrados en disciplinas varias, como millones de seguidores que son supuestamente cultos y avanzados. Siguen subidos a la teoría, a los juegos de palabras y a los focos mediáticos, sus galardones se les amontonan, sus paredes están llenas de diplomas en varios idiomas y su prepotencia solo es comparable al entusiasmo con que los interesados aplauden y a la altura de la ola que hacen los papanatas para que no les digan antiguos. Estos teóricos de lo divino y lo humano nunca han movido un dedo para hacer algo que sea útil a los demás, pero se les tiene por grandes aportadores a la colectividad, de la que han vivido como marajás porque todos asumen que lo merecen.
Pero, ¡ay! estos grurús están cabreados porque no concitan unanimidad, y no entienden cómo es posible que el universo entero no se rinda ante su deslumbrante sabiduría. La razón es tan obvia que a veces no se percibe entre tanta luminaria: y es que un superteórico que predica sobre los ingenieros de caminos, canales y puertos puede engañar a universidades, institutos y comités especializados, pero nunca podrá engañar a un carretero viajado, a un buen fontanero o a un viejo pescador. Lo siento.

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Pereza mental

No sé si es por la plomiza, húmeda y pegajosa canícula de julio, pero estoy volviéndome perezoso para entablar diálogos con opiniones diversas porque tengo la impresión de que se ha perdido la capacidad de pensar y razonar, con lo que explicar lo obvio se vuelve tarea imposible. Rehúyo conversaciones de este tipo porque no hay posibilidad de que, no que te den la razón, sino de que simplemente tomen en consideración lo que dices. Esto ocurre cada vez con más frecuencia en la vida diaria, y esta es una muestra: me han contado que en una comunidad de vecinos uno de ellos dice que tiene estropeada la pintura de una habitación por humedades ocasionadas por unas filtraciones desde la azotea común, que ya están resueltas. Y digo dice porque nadie ha visto su casa, y cuando se le envía al vecino afectado un pintor para que arregle los desperfectos que él reclama, alega que en su casa no entra nadie. somrIMG_1049.JPGDespués de varios intentos fallidos de que el pintor entre a hacer su trabajo, se desiste porque de momento no existe la manera de pintar una pared interior a distancia y a ciegas, salvo intervención milagrosa, mágica o alienígena. Pues este señor ha denunciado a la comunidad porque no le han pintado la pared. Ardo en deseos de que me cuenten la cara que va a poner el juez cuando tenga asunto tan «pintoresco» sobre su mesa.
Cada loco está con su tema y no es posible llegar a acuerdos porque nadie mueve un milímetro su posición. Hay evidencias de que hay una epidemia de obcecación; una de ellas es lo que está ocurriendo en Cataluña, unos siguen en su carrera, otros empeñados en un centralismo sin el menor gesto de entendimiento, y la mayoría entretenida con los culebrones varios del verano, como si lo importante para la permanencia del estado fuese saber si el Real Madrid sobrevivirá a Casillas o si por fin van a darle el tercer grado a Isabel Pantoja. En nuestra ciudad, media isla se echó a la calle para celebrar el ascenso de la UD Las Palmas, y me temo que serán muchas menos las personas que se opongan a un disparate tan brutal como es el derribo de la Biblioteca Pública de la calle Venegas, que es un quebrantamiento de la lógica en una supuesta sociedad avanzada y democrática, un atentado a la cultura, por muy argumentado que esté jurídicamente. No siempre lo legal es legítimo, y este es el caso. Si hablamos de lo de Grecia y la UE o de las torpezas monumentales que tirios y troyanos están perpetrando en Oriente Medio, se vislumbra afonía y bloqueo antes de empezar a hablar. En cada caso, las cosas son de una única manera, se emiten juicios y se plantean acciones sin tener en cuenta lo que no sea titular apresurado y a menudo inducido de un noticiario. Y se oyen disparates a cual más descomunal y desinformado, pero es imposible cambiar esas ideas porque nadie admite un dato nuevo que haga peligrar su opinión monolítica. Y cansa.

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Mirarse al espejo de la poesía

La primavera que acabamos de dejar atrás fue prolífica en ediciones canarias, y se me han ido acumulando en el escritorio sin que haya podido dar cuenta de ellas porque no se puede opinar «de solapilla» sobre un libro que a quien lo escribió le ha costado mucho tiempo y esfuerzo. La poesía llega de la mano de tres mujeres de generaciones y temáticas distintas, y es un género que ocupa aparentemente poco tiempo en la lectura; eso es engañoso, porque, al menos yo, soy incapaz de leer un libro de poemas de corrido, uno detrás de otro, porque si la buena poesía es esencialidad, su instalación mental lleva un tiempo de reflexión, y uso el término adrede porque es un juego de espejos entre la palabra escrita y los registros que ya poseemos, que se enfrentan, multiplican y a veces hasta se anulan.
tres libros.JPGEl primer volumen es Himno a la vida, un poemario en el que Rosario Valcárcel bucea su propia memoria para ir estableciendo una especie de escalera vital, cuyos peldaños quedan suspendidos en el aire como una sugerencia para que el lector mire en ese espejo los momentos paralelos al poemario, en el que hay guiños a otros poetas, a la visión de la transcendencia y a la situación de la mujer en este convulso planeta en este tiempo. Es un viaje en zig-zag por la realidad y la ensoñación, por el recuerdo y los deseos, por todo aquello que nos hace humanos.
Evelyn de Lezcano entrega un nuevo poemario, Vertientes, en el que se desvincula de la escritura-homenaje a Panero que hizo en su anterior libro. Ahora es ella, sin ecos, con su voz primigenia, y con el punto central que en algún momento suelen tocar los poetas insulares. El mar que es cárcel y a la vez camino, la isla como refugio y metáfora de un mundo cerrado en sí mismo, y como espejo -otra vez- de la propia existencia, contradiciendo la idea de John Donne. Para Evelyn, es necesario «insularizar» cada persona para llegar a su esencia. No somos islas precisamente porque está el mar que nos une a todas las tierras del mundo. En esa contradicción, la poeta maneja sentimientos, que son como remos en ese mar, y a veces como tormentas que anuncian naufragios. Es muy importante el salto cualitativo que Evelyn de Lezcano experimenta en este libro.
La tercera mujer, la más joven, es Alba Sabina Pérez, que desde sus primeros libros nos ha hecho girar la mirada hacia su escritura. Esta vez es un poemario con un título muy curioso, Ya nadie lee a Penti Saaritsa, que parece un guiño al innovador poeta finlandés, pero que finalmente es un recurso literario para que la poeta dialogue -se mire en el espejo- con su propia poesía. Es este un libro muy arriesgado, tanto para la autora como para el editor, pero conociendo la sabiduría poética de Nicolás Melini, responsable de la edición, puedes lanzarte sin miedo. Acierta la poeta con su valentía de exploradora insomne y acierta el editor porque estamos ante un magnífico poemario, en el que se huele que estamos ante una escitora joven que ya es realidad y que anuncia entre líneas un gran recorrido futuro.
Ya he descargado un poco el escritorio, aunque hay más poesía y también narrativa, que acometo sin pausa aunque con calma, que hace mucho calor; seguramente volveré sobre los poemas de estos libros ya leídos, porque hay que seguir mirándose al espejo, como el que se peina cada día.