La actualidad se ha puesto tan resbaladiza, que uno ya no sabe por dónde entrarle. Como soy novelista, voy a entregarme a una especie de secuela de la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y trataré de imaginar qué recomendaciones hizo el Enviado del poder real a un tipo de clase Beta (ejecutante), jefe de un gobierno-marioneta en uno de los territorios limítrofes del espacio dominado, horas antes de que comunicara a la nación desde la tribuna principal una serie de medidas destinadas a salvaguardar a las estirpes dirigentes elegidas por los dioses azules, y a marcar las diferencias de clase que nunca debieron perderse, aunque debía parecer lo contrario. El portavoz del Poder Supremo, un Alpha (élite) muy elevado, aconseja en estos términos al político-títere y mandamás de un territorio:

«Vas a hablar para que te escuchen todos. Trata de que no se arme mucho zafarrancho, las polémicas sobre asuntos reales no nos convienen, aunque entiende que los partidos de la oposición pataleen un poco. Es lo normal, ya sabemos que cada cual tiene que representar su papel en esta función a la que hacemos llamar democracia. Sabemos que se ha puesto a circular una enorme cantidad de barbitúricos y que la gente está contenida por las pastillas, o distraída, según gustos, con los fichajes de Real Madrid y el Barça, con la resaca de los incendios forestales o con debates que ya resultan cansinos por repetitivos: la sequía en Europa, las guerras en Ucrania y Oriente Medio (las demás no importan), el cambio climático, el regreso de Belén Esteban y siempre La Pantoja.
Se trata de poner las cosas en su sitio, esa tontería de ‘un hombre, un voto’ fue un error de la Revolución Francesa. Está claro que los humanos no son iguales, existen las clases, y era sangrante que un ciudadano de esos que llaman clase media viviera como nosotros, que somos los que tenemos la responsabilidad que nos conceden los dioses. No hay disculpa, este año, con los episodios que están ocurriendo en Ceuta se ha roto el marasmo del verano, y da pábulo a distintas vertiente que nos saquen de la habitual cháchara a gritos en esta parte del planeta: si Ceuta y Melilla son territorios ocupados o patria soberana, si el asunto es menor porque el Presidente agotó sus vacaciones a pesar del ruido, si están antes las leyes internacionales, la europeas, las estatales o las que se le ocurra a cualquier gobierno con un urgente decreto que, por supuesto, deberá ser refrendado por el parlamento… O no.
Dile a toda tu gente que mantendremos ese envoltorio supuestamente democrático, con unas elecciones aquí, otras allá, pero es evidente que el control tiene que estar siempre en las manos adecuadas, y los funcionarios, simples mortales de la clase Gamma, nos estaban impidiendo hacer las cosas como es debido con su intervencionismo. Luego están las hordas compuestas por Deltas y Epsilones (operarios para trabajos duros). ¿Dónde se ha visto que todo el mundo tuviera una vivienda propia y un seguro de desempleo? ¡Hasta ahí podríamos llegar! Esto había que resolverlo, se ha empezado hace décadas y todavía nos queda tarea. Ya les hemos dado a este territorio la alegría del fútbol, otra vez campeones del Mundo, y es un contratiempo que su nuevo gran tenista se haya perdido algunos torneos por lesión, y tampoco ayuda que ya no se figure con fuerza en el Tour de Francia. Fueron buenos tiempos los de Induráin. Pero ya no basta con la televisión, aunque es importante, hay que mover las redes cibernéticas.
Debemos agradecer sobremanera la colaboración que están prestando los Beta de las tierras del Nordeste, que hablan una lengua distinta, que con el independentismo nos ayudan a que la gente discuta tonterías aunque luego nunca haya cambios, ni los habrá, pero esto ellos no deben saberlo. También estamos muy complacidos con las fuerzas del Norte, porque lo del soberanismo cabrea a mucha gente, y mientras se cabrean con ellos nosotros podemos hacer nuestras cosas. Por fin ha llegado la hora de ir materializando la idea que venimos persiguiendo desde hace casi medio siglo, de la mano de insignes Alphas como Reagan, Margaret Thatcher, Khol y Juan Pablo II, sin olvidar la amigable complicidad de Mitterrand y Gorbachov.
Por aquí hicieron un gran trabajo previo los antecesores del actual jefe, llamado el incombustible (aunque ya estudiaremos eso también), ya saben, el de la Transición, el de la OTAN, el del entonces Mercado Común Europeo, el que se alió con las grandes potencias para una gran guerra, el que quiso dejar que todo cambiase y el llamado Caminante, que no tuvo buen pulso con los del Nordeste y este factor puede quedar fuera de control. No sería presentable antes los dioses azules que lo hayamos estado preparando meticulosamente durante medio siglo y que ahora se nos vaya de las manos. Da risa recordar aquellas movilizaciones de hace treinta años contra la globalización. Es que no era eso, pero ni lo olieron.
Ahora ya puedes dejar entrar a los periodistas. ¡Ah! y haz que despidan a los taquígrafos, tenemos aplicaciones que hacen su trabajo con mayor pulcritud. Y recuerda a los consejeros que no deben preocuparse por sus bolsillos, que como Betas deben saber que sus salarios, dietas y privilegios se mantendrán, como no podía ser de otra forma. Diles que no pierdan la calma si suben o bajan la bolsa, la energía, el PIB, la deuda pública o la prima de riesgo; forma parte de la escenografía, cuantos más vaivenes haya, mayor rentabilidad para nosotros. En cuanto a los sindicatos, ya estamos pactando con ellos un par de huelgas generales, para no dejar espacio a las dudas. Cumple con tu misión, es tu hora».
Y así quedaron las cosas para la reentré política. El resto de la novela se escribirá en un par de décadas, salvo que logremos sacar de los tranquilizantes y ansiolíticos a quienes tendrían que estar al frente de la idea de llegar a la aproximación de una sociedad justa, o al menos con cierta decencia. Es decir, la mayoría de quienes habitan este país y este planeta. La vida es caprichosa, Huxley y Orwell creyeron que escribían novelas futuristas, pero en realidad, sin proponérselo, lo que hicieron fue redactar unos magníficos manuales de instrucciones, que se han manifestado inmunes a los pensamientos filosóficos de Ayn Rand, Adorno, Wittgenstein o Lou Andreas-Salomé, y encima Habermas, el que nos quedaba, no logró superar el invierno pasado. Ahora estamos solos.



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