Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias, dijo en el Debate sobre el Estado de la Nacionalidad de marzo de 2024 que, en medio del gran ruido político estatal, aquí se gobernaba “al modo canario”. Huyendo de la estridente polarización nacional, aquí se estaban haciendo las cosas con un estilo de gestión política basado en la moderación, la estabilidad y la búsqueda de acuerdos. Como se sigue insistiendo en que esta legislatura transcurre al modo canario, tras dos años y medio habría que valorar si ese estilo, en el que palabras como sosiego, moderación y consenso se enarbolan como estandartes, está produciendo los efectos deseados, esto es, mejorar la vida de la gente.

Con Cataluña y Euskadi, Canarias es una de las pocas comunidades españolas que no responde al modelo general, que consiste en que siempre el liderazgo del gobierno está en manos de uno de los dos grandes partidos, PP y PSOE, pues Coalición Canaria, desde su creación a principios de los años 90, rompe esa norma, y la supuesta alternancia, que sería la consecuencia de las urnas, se ha materializado en la presencia apabullante de CC en la presidencia, y una legislatura, una sola (2019-2023), en la que otro partido se alzó con el liderazgo.
Y no es porque siempre CC haya ganado las elecciones, porque mantuvo la presidencia incluso cuando no fue la fuerza más votada. De hecho, el PSOE fue el vencedor en las elecciones que dieron lugar a la actual y muy calmada legislatura, y también ocurrió en 2011, cuando López Aguilar obtuvo un respaldo muy superior a los demás y acabó en la oposición. No pasa nada, es un sistema parlamentario, ahí tienen a Feijóo sin presidencia después de haber ganado las elecciones. Gobierna quien consigue más apoyos en el Parlamento, aunque los propios parlamentarios suelen olvidarlo, cuando, en casos como los mencionados, ponen en duda la legitimidad de quienes gobiernan y sueltan el latiguillo de “gobierno de perdedores”.
De esta manera, deberíamos suponer que CC ha abanderado unos gobiernos desde las especificidades que provienen de los idearios nacionalistas, como ha ocurrido con el PNV y la ya desaparecida CIU en las otras dos comunidades mencionadas. Pero resulta que no, que esto ha sido un baile sin ritmo (bailoteo dicen en las taifas) en el que el mandador se apoya en pactos, preferentemente con el PP y fuerzas insularistas. Hemos visto cómo las sucesivas personas de CC que han ocupado escaño en el Congreso han esgrimido un discurso propio de fuerzas unionistas, y se mesan los cabellos cuando alguna voz del nacionalismo vasco o catalán rompe la moderación unionista. Recordemos a una exdiputada de CC a la que resultaba muy complicado encuadrar, por cómo hablaba y sobre todo por cómo votaba.
Hace dos años y medio, cuando se supone que se implantó el modo canario con el pacto de gobierno con el PP, ya había problemas con la inmigración irregular. Era un clamor el asunto de las tierras raras en las aguas canarias (sigue sin haber mediana), y hablábamos del desmadre de las viviendas destinadas a uso turístico o de los extranjeros con gran poder adquisitivo, que copan el mercado de compra de viviendas en un porcentaje que ya llega al 35% del mercado, por no hablar de los fondos buitre, o la total inacción en materia de construcción de viviendas sociales. Pero claro, siempre se invocan las directrices europeas, que por cómo se las gastan en algunos países de la UE solo rigen aquí, donde si tienes dinero, puedes acceder a todo, sin limitaciones, invocando el derecho a la propiedad privada, pero es que resulta que para que esa propiedad sea real primero hay que hacerse con el objeto, y si hay limitaciones no puedes comprar. Así que no hablo de propiedad privada sino del acceso a la compra de viviendas y qué uso se les va a dar.
Mientras aquí seguimos al modo canario, con la ropa de misa y los buenos modales, el gobierno de Madrid llega a acuerdos con el de Marruecos en los que se niega la presencia de una parte interesada como es Canarias, y más ahora, que en el carnet de baile de Marruecos también está Israel (Estado Unidos y Francia ya estaban). El caso es que con el modo canario ya no nos escucha ni Ángel Víctor Torres, que ahora está en el Gobierno estatal y curiosamente es el ministro encargado de la inmigración irregular y del acogimiento a los menores no acompañados y su distribución por todas las comunidades autónomas, que a su vez ponen peros a hacerse cargo de los menores que les corresponde porque el PP o los de Puigdemont así hacen política contra Sánchez, pero es que el Gobierno de Canarias está sostenido por ese mismo PP que a menudo dice y hace una cosa o la contraria según donde esté.
Ayer, el presidente y una representación económica, social y cultural fueron a Tarfaya. Por lo que he visto en los noticiarios, se jugó a tope la carta del modo canario, todo muy tranquilo y con muy buenas maneras. Lo que no sé es si esta puesta en escena es para crear líneas que aporten a las dos partes o, como resuena en nuestra memoria, son los otros los que, como casi siempre, sacan partido a su favor, y, por supuesto, unos pocos de los nuestros que luego no se refleja en el bienestar de toda la población canaria. De esas ha habido muchas; que ocurriera otra vez no sería ninguna sorpresa, ya estamos escarmentados.
Hace unos días el portavoz de gobierno canario volvió a insistir en lo del modo canario, pero ya va siendo hora de que Canarias le cante las cuarenta al partido con el que conforma gobierno, y también al que ocupa La Moncloa. Porque se pasan el día jugando al escondite entre lo que dicen en Canarias y lo que ordenan en Madrid. Pero claro, hay que ir con cuidado, no vaya a interpretarse -Dios nos libre- como radicalización, pues contravienen los conceptos mágicos: sosiego, calma, moderación, chissssssst, oooom…
Llegados a este punto, me pregunto, antes de que la convivencia y hasta la supervivencia en Canarias reviente como una aguaviva, si quizás deberíamos armar algo de ruido, aunque sea poquito. Es que pasan cosas como que profesionales docentes, sanitarios o de otros sectores, que han sido destinados a una isla no capitalina tienen que renunciar a un trabajo porque es imposible encontrar, alquilar o pagar un alojamiento en condiciones dignas y justas. Pero claro, eso puede sonar a bronca. Es que, con tanta calma y moderación, el futuro se escapa como el agua en un cesto. Einstein aseguraba que, para conseguir resultados diferentes, recomienda no hacer siempre lo mismo. A lo mejor el amigo Albert tenía razón. No sé, digo yo; por probar…



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