Hasta hace unos años, había honor hasta entre los ladrones. Existía lo que llamaban el código del hampa, que consistía en no robar a la gente que se ganaba la vida en la calle, como los vendedores de lotería o los repartidores de gas. No es que los ladrones fueran seres ejemplares, pero, por ejemplo, había cosas que eran sagradas, intocables, y una de ellas la religión. Ahora ya ni eso. En estos días han robado en una iglesia de Tenerife y otra de Lanzarote, y han ido demasiado lejos, a tocar lo más venerado por los creyentes. Cuando los ladrones entraban antes en las iglesias, robaban obras de arte, que siempre han tenido un mercado negro muy lucrativo, y los raterillos como mucho abrían el cepillo de las limosnas que estaba en manos de un monaguillo de yeso con sotana roja y alba blanca al que en mi pueblo llamaban Cirilito. Pero objetos sagrados nunca. Leo en los medios que en los robos mencionados se han llevado hasta un cáliz. Eso es intolerable, porque se está mancillando algo que tiene otra dimensión para los creyentes. Y eso hay que respetarlo por encima de cualquier cosa, porque es atentar contra lo más íntimo de muchas personas. Hasta el dinero del cepillo de una iglesia es sagrado, porque si bien suelo ser muy crítico con algunas actitudes y acciones de la jerarquía eclesiástica, no puede negarse la evidencia de la labor que realizan las obras sociales de La Iglesia, que son muchas y nunca cierran las puertas a nadie. La sociedad tiene que reaccionar ante este «vale todo». Pues no, no vale todo, porque lo que se han llevado tiene un valor más allá del baño de oro del cáliz de una modesta parroquia.
Un comentario en “No vale todo ni para los ladrones”
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Es razonable lo que dices, ya no hay ladrones como los de antes, pero si matan por el Cobre supongo que todo debe tener un valor que no respetan.
Es cierto que entre ladrones existía un extraño código de honor entre ellos. Lo comprobé en un reformatorio en Barcelona uno de mis 1ºs trabajos, serían como alumnos hasta 3º de la Eso, y algunos sacaban el graduado escolar, hablo de rateros menores pero no eran angelitos, atracaban y robaban, el caso es que yo podía dejar mi bolso y nadie me robaba nada una vez que me gané su confianza, y no era chivata. No era todo color de rosa por supuesto.
En mi situación era lo que tenía , y hasta hicimos teatro, lo llevaban curas que pasaban un kilo, cierto que tuve un buen compañero , con otra era imposible, era una chivata y no la podían ver, bueno, como anecdóta de mi ingenuidad, les comente lo del dia de la madre, para que les hicieran dibujos, y pasada la fiesta les pregunté que les habían regalado, uno me dice, una cuberteria de plata, otro una plancha, y así me iba quedando aterrorizada, ellos salían si iba todo bien, los fines de semana, y robaron antes de ir a sus casas-chabolas, pero cierto es que nunca me dijeron de robar una Iglesia, quizás tenían ese temor ante un dios o una virgen, y que los parrocos les ayudaban, no lo sé,
Quisimos sacarlos de excursión, hacer actividades con ellos, nunca iban de forma normal, y robaban según lo que encontraran pero nunca del lugar de la visita.
Pienso que como ya todo está mal, el cepillo no les da la dosis que necesitan y el caliz, pobre caliz dorado, creeran que les sacará de la angustia, es triste que pequeñas capillas sean pasto de delincuentes, es triste muchas cosas en estos momentos, y hoy no existen tan poco reformatorios que no reforman, apartan pero no redimen, las reglas del juego no se respetan.
Y sino mira ese menor delincuente asesino, El Cuco, está ya en libertad, y que hará ahora?.