Hay días que son muy especiales en la vida de las personas. Cada cual tiene los suyos, y por tendencia a la supervivencia humana, los que se recuerdan con más intensidad son los positivos. En nuestro camino (hablo en plural porque sé que comparto el sentir de mi compañera de viaje), ninguna fecha puede compararse al 2 de Mayo, porque fue el día en que llegó a nuestras vidas una nuevo ser humano, nuestro hijo, que lo cambió todo. A partir de ese día, cualquier objetivo, proyecto o deseo pasó a un segundo plano y todo se miró desde la perspectiva de que lo importante era ese nuevo ser que estaba entre nosotros. Han pasado años, eso no ha cambiado, y estamos seguros de que no cambiará.
Tengo nítidamente en la memoria aquel amanecer de un domingo de mayo, brumoso y fresco, un día típico de primavera. Cuando llegó el momento, salimos hacia la clínica con todo lo que establecían los protocolos en vigor. Entonces no estaba permitido que los padres presenciaran el nacimiento, o al menos no lo permitieron en nuestro caso, y a las 10:20 horas el niño compareció. Esa primera mirada fue como si de pronto entendieras cosas que antes ni te habías planteado o que tenías en otros niveles de tu escala de valores. Nació un niño y ya sabíamos que desde esa hora siempre estaría en primer lugar.
Hoy es un 2 de mayo distinto, pero es su cumpleaños y el aniversario del día en que nos cambió la vida para bien. Estamos confinados, nosotros en Gran Canaria y él en Tenerife, en compañía de la mujer que ya es también nuestra hija. No sabemos cómo va a ser esa nueva normalidad, pero no va a cambiar ese agradecimiento hacia nuestro hijo por todo lo que nos ha enseñado con solo estar. Si encima es muy buena gente, mucho más hay que celebrar. Hoy, la niña Sofía entenderá que quien protagonice este diario sea aquella otra mirada limpia que nos transformó un 2 de mayo. Por eso es para nosotros la fecha más importante de nuestro calendario. Deseamos a nuestro hijo un gran día en la compañía de quien hace tiempo que camina junto a él. Y en la nuestra siempre, porque no hay tiempo ni distancia en los afectos grabados a fuego. ¡Feliz cumpleaños!
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