DIARIO DE CUARENTENA. Día 3, los irritantes profetas. (16/03/2020)

 

Para no saturar las líneas telefónicas, ahora más necesarias por el teletrabajo, solo he hablado hoy con los familiares cercanos que están en otro domicilio y he dado un paseo por las redes sociales para saber de los amigos y amigas, y veo que siguen activos y no dan malas noticias. Este lunes es probablemente el más expectante de cuantos hemos vivido, porque espero que los próximos den indicios de que estamos en el buen camino.

Salí a comprar el pan y de paso bajé la basura. Da pereza salir porque no se puede cometer ningún error, pero hay que ser estrictos. En los dos establecimientos en los que entré se cumplían los protocolos, porque de nada vale que uno sea severo tanto a la ida como la vuelta si los demás se relajan. Me sorprendió negativamente que unos operarios que estaban trabajando como si no pasara nada. Por lo visto la construcción sigue funcionando.

Lo que sí es seguro es que en tiempos de confusión, tratan de medrar los timadores, los mentirosos y los falsos profetas. Hay que cuidarse de ellos, que se ensañan con la debilidad como los buitres.  Conviene recurrir siempre a la literatura, hoy a un fragmento de un poema del libro Westhaven Bay & La Montaña Amarilla, del poeta tinerfeño Iván Cabrera Cartaya:

Te confieso que ahora justamente

no quisiera quedarme solo.

Solo y lleno de pánico

en este templo donde vuelven

a entrar, tímidos e incansables,

los irritantes profetas.

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