Enfin, l’été est arrivé
Lo pongo en francés para que parezca que lo dice Cortázar (el 28 de junio se cumplieron 50 años de la publicación de Rayuela), pero sí enfin, l’été est arrivé, por fin el verano ha llegado. Siempre hay polémica estacional con el tiempo, y se oye decir continuamente que nunca ha hecho tanto frío, que este es el invierno más largo que se recuerda, que ha llovido menos que nunca, que ha habido más calima que otras veces. Pues resulta que desde noviembre escucho una y otra vez quejarse de frío, de nubes, de añoranza del sol apenas llegó marzo. Encima, prestigiosos (que no quiere decir infalibles) meteorólogos franceses dijeron hace unas semanas que este año no habría verano. Pues miren por dónde, mes amis, l’été est là, vamos que el verano está aquí para quedarse. En realidad llegó ayer, y ya escuché quejas del sofoco, de lo inaguantable que es el calor, de lo terribles y abrasadores que van a ser los próximos meses. Pues, señoras y señores, madames et monsieurs, meine damen und herren, ladies and gentlemen, signore e signori, dense una ducha, pongan el ventilador, váyanse a la playa o gástense un dineral en colocar el insano aire acondicionado, pero que nadie venga a decirme ahora «¡uf, qué calor! Es lo suyo, en invierno hace frío y en verano calor, hay que disfrutar de cada cosa a su tiempo. Como dice Pérez-Reverte, nos hemos reblandecido, nos quejamos de vicio, esto ha sido así de toda la vida y antes nadie se quejaba.