Por lo visto el patio se está poniendo tan complicado que quienes tienen que dirigirlo ya no saben qué hacer y se agota. La semana pasada fue la reina de Holanda, ahora el Papa, y en este caso es asunto muy raro, porque en dos milenios por lo visto solo han renunciado cuatro pontífices, y en los últimos quinientos años ninguno. Aunque en teoría es algo que solo debe interesar a los creyentes, en la práctica es un hecho social e histórico de gran envergadura, mucho más que la lógica sucesión papal por fallecimiento del anterior. Ya sabemos el peso específico que tiene el Vaticano en el mundo, incluso en países en los que no hay mayoría católica, y esto le viene de la historia y de que es a la vez un jefe espiritual y un líder político (esto ocurre también con el Dalai Lama y la testa coronada del Reino Unido, pero la dimensión no es comparable). Ahora se crea una situación inédita, porque si un expresidente es molesto como un jarrón chino (Pujol-González dixit), un expapa no digamos. La ventaja en este caso es que Ratzinger parece que va a retirarse a un monasterio, pero que esté calladito es más complicado, porque es un intelectual que periódicamente publicará libros que, al haber sido Papa, tendrán el peso mediático de una encíclica. A no ser que calle y todo lo que escriba desde ahora solo se publique post mortem. ¿Sigue teniendo tratamiento papal? ¿Vuelve a ser un mero cardenal? Y ya que hay que elegir nuevo pontífice, espero que no sea español, porque con el peso y los privilegios que tiene la Iglesia en España, si encima el Papa es español, apaga y vámonos.
Un comentario en “¿Habemus Papam? Ahora dos”
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Exceptuando la última frase, en lo demás no estoy de acuerdo.
El catolicismo vaticano es una carga que cada cual se echa encima, y entonces pesa. En caso contrario no tiene peso alguno.
Las convicciones inglesas siguen dando por el saco igual que siempre, y éstas sí que me afectan.
El puritanismo, lo mismo da que venga de América que de los nazis, oprime al mundo. Y de los fanáticos del desierto qué hablar.
Lo que haga ahora un sacerdote emérito es irrelevante:
Dios sigue siendo el mayor asesino de la Historia.