Diputados por amor al prójimo

aFoto0360.JPGEn el siglo XIX, los diputados que salen en las novelas de Galdós y de Juan Valera son ricos terratenientes, encumbrados abogados o aristócratas con mando en plaza. Ir al Parlamento era cosa de ricos, porque entonces los diputados no cobraban salario. La señora Cospedal, presidenta de Castilla-La Mancha, ha cortado por lo sano y ha eliminado de los presupuestos de 2013 la partida destinada a los salarios de los diputados. Esto quiere decir que solo podrán sostener ese nombramiento los que tengan una posición desahogada o un trabajo en el que obtengan buenos ingresos. El otro problema es que si los diputados se dedican a su profesión y acuden al Parlamento solo a ratos, poca dedicación podrán tener. Así que, con unos diputados que dedican poco tiempo a su labor parlamentaria, está claro que se perderá calidad democrática. La otra opción es que solo vayan al Parlamento los ricos, como en el siglo XIX. Y es que aquí o no llegan o se pasan, hay quien cobran varios salarios (la propia señora Cospedal) y quien ahora pasa a no cobrar. Todo muy coherente, maniobrero y disparatado. Como se ve en la foto, el reloj de la democracia no anda muy fino.

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