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Maximiano Trapero

zzx23Escanear.jpgLa memoria lingüística de Canarias y la conformación de las palabras que usamos ha tenido y tiene grandes valedores: Pérez Vidal, Manuel Alvar, Pancho Guerra, Marcial Morera, Francisco Navarro Artiles… Maximiano Trapero es uno de ellos, y no el de menor calado precisamente, porque a su reconocida autoridad sobre oralidad (sus trabajos sobre el romancero son insoslayables), que rebasa las fronteras insulares y españolas para ser una de las máximas figuras vivas de nuestra lengua en este campo, une un trabajo de búsqueda, recopilación, restauración y hasta rescate que lo lleva de un pago de La Gomera donde habla con una anciana informante hasta un complicado archivo o una biblioteca borgeana. Siempre sus publicaciones o una simple conversación cotidiana con él están presididas por el argumento más riguroso si es que hablamos de oralidad, repentismo, toponimia o lingüística en general, aderezando siempre sus palabras con su vasto conocimiento de la historia y la literatura anexas a los temas que hablamos. Sería lo que los novecentistas empezaron a llamar polígrafo, para referirse a Menéndez Pidal. A cuatro manos, junto a Eladio Santana Martel y bajo el estandarte editorial de la Fundación César Manrique, ha estudiado, revisado y ampliado la Toponimia de Lanzarote y los islotes de su demarcación, trabajo recogido en su día por el insigne académico don Manuel Alvar. Esta vez, Trapero recorre de nuevo caminos ya transitados donde él siempre encuentra algo nuevo. Gracias a Maximiano Trapero conocemos mucho más de la esencia de Canarias.

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Políticas monetarias

Antaño, la política monetaria era uno de los elementos con que trabajaba cada estado, pero con el euro ese cometido lo tiene el Banco Central Europeo, que casi siempre está dirigido por un alemán o un francés. Es evidente que las fluctuaciones de estos dos países de fuerte economía no son las mismas que las de los estados más débiles, pero todos tienen que bailar al son alemán y francés, zzzmannnn.JPGcon todos sus problemas y ninguna de sus ventajas. Nos dicen que, fuera de la UE, al globalizarse la economía ahora todo es una reacción en cadena, pero yo lo que veo es que los únicos países que están en crisis profunda son los europeos, Estados Unidos y Japón, porque China es el banquero del mundo, India crece muchísimo y hasta Turquía ha crecido el año pasado un 8%. Todo esto me lleva a pensar que en la UE algo se está haciendo mal, porque se deja llevar por Estados Unidos, que dice una cosa para Europa y aplica para sí políticas distintas. Dicen que la semana pasada en Washington estaban cruzando los dedos para que los griegos no lograsen aprobar las medidas impuestas por la UE, lo que habría originado un cataclismo en la zona euro. Si Estados Unidos nos embarca en guerras inútiles (que cuestan vidas y dinero) y Europa le baila el agua, está claro que los norteamericanos no son leales con los europeos, porque seguramente piensan que les conviene una Europa débil. Está claro que falta unidad y liderazgo, y volver a la senda de los últimos cincuenta años. Si los yanquis quieren neoliberalismo, todo para ellos, a Europa le iba mejor cuando trataba de mantener el Estado de Bienestar.

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María Castro pinta la creatividad


zmozart1.JPGMaría Castro ha ido labrándose un estilo exposición tras exposición, unas señas de identidad que hacen que cuando se ve uno de sus cuadros uno sepa inmediatamente quién es la autora. Su larga trayectoria la ha hecho recalar en muchos puertos, pero encontró su camino cuando los ángeles entraron en sus cuadros y trajeron con ellos esa neblinosa luz hacia lo diáfano que se ha quedado como sello de una artista inconfundible. Su discurso se resuelve en dos planos que funcionan simultáneamente aunque a veces provienen de tiempos y dimensiones distintas. Si la anterior exposición de María Castro tomaba como tema la batalla de Trafalgar, con sus brumas marinas, el humo de los cañones y la frontera entre la vida y la muerte, ahora se engancha al espíritu de Mozart, pintando la inspiración del compositor, y extrayendo lecturas que van más allá de la música y que las hace válidas sin la figura del genio. Las curvas del río Salzach en la montañosa Salzburgo, las estribaciones alpinas y el bosque cercano de Kapuzinerberg son señales hacia la inmortalidad, lo mismo que la Viena a espaldas del Danubio, la luminosa Karlsplatz, con el palacio de María Teresa de Habsburgo al fondo. Los cuadros de María Castro captan el hálito de la creación en un paisaje en el que el talento se llama Mozart, pero también podría llamarse Herbert von Karajan, Thomas Bernhard, Paracelso o Stefan Zweig, personajes que hollaron aquellas tierras. Lo que pinta María Castro es le motivación del arte, la impregnación del aire alpino con la coartada de Amadeus.