La tolerancia escasea. Por desgracia, lo vemos cada día en los noticiarios, y está sucediendo aquí mismo. Parece que el único diálogo posible es hoy la afilada hoja de un cuchillo en la garganta. La lucha por las ideas nunca es digna cuando se intenta imponer a los demás por la fuerza. Precisamente la tolerancia viene a decir que la única forma posible de convivir es intentar hacerlo respetando las ideas de los demás, y, por supuesto, exigiendo que los demás respeten las nuestras. Los fundamentalismos religiosos o de otra índole son la muestra de que el ser humano de hoy no está tan lejos del que pintaba bisontes en Altamira. Y eso tendríamos que aplicarlo a nuestra sociedad, en la que un juego como el fútbol acaba convirtiéndose en una especie de religión fanática. Una cosa es ser simpatizante de un equipo y otra un fanático intolerante, y detrás de la liga, la política y los fundamentalismos religiosos hay intereses creados. Tolerancia, esa es la receta.
¿Las fotos? No sé, es un sueño que tuve añoche. Le he dejado a Freud un mensaje en el contestador, no me cogió el teléfono.
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