Sabido es que el magistrado Antonio Castro Feliciano, Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Canarias es un jurista destacado, que ha demostrado largamente su valía y su compromiso social. Pero el mejor escribano tiene un borrón, aunque calificar de despiste las declaraciones del magistrado sería una levedad.
Tampoco podemos achacar la culpa al periodista que transmite, porque es una vieja práctica matar al mensajero. En mi opinión, Castro Feliciano tuvo un muy mal día y alguien que ocupa un cargo de tanta proyección social debiera medir mucho sus palabras. Seguramente no quiso generalizar, pero generalizó; es muy probable que no quisiera perpetuar esquemas machistas, pero lo hizo; estoy convencido de que no quiso ser xenófobo al hablar de mujeres inmigrantes en temas de maltrato, pero suena muy xenófobo. Ya se sabe, la mujer del César, además de ser honesta, debe parecerlo.
Y el Sr. Presidente del TSJC dio todas esas impresiones en sus declaraciones, y es por ello que han salido voces críticas. Es que alguien en su puesto influye en el temor de las mujeres a denunciar los malos tratos, porque se crea la idea colectiva de que todas mienten. Sería importante que el Sr. Castro Feliciano recondujera sus palabras, para así no dar ni un milímetro de ventaja a los maltratadores. Es algo que quienes sabemos de su valía, su rigor y su responsabilidad esperamos.
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