Cada vez más dependientes
En los años setenta, cuando los ordenadores eran cosa de grandes empresas y funcionaban con abultadas bobinas de papel perforado, se montó una buena carajera cuando el ordenador de una compañía aérea se estropeó, y hubo un caos estimable en los aeropuertos.
Hoy, la informática está hasta en la sopa, si usted lee esto es gracias a la informática, y un fallo sería tremendo para cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana. Y sucede que, además, la informática y otros artilugios de los que nos valemos, funcionan con electricidad, es decir, dependen de la energía, que puede tener su origen en el viento, en el sol o en el petróleo. Eso nos hace muy dependientes, y en Canarias encima buena parte del agua que usamos también depende de la energía que se consume en las potabilizadoras.
Pero es que nos afecta en cosas mucho más personales. Hace unos días hice una compra de varios productos, intenté pagar con tarjeta y no era posible porque había una avería en la línea suministradora de energía de aquel lado de la tienda y no funcionaba el datáfono. Dije que pagaría en efectivo, y como tampoco funcionaba el ordenador que automatizaba el descuento que se ofertaba, la chica se armó un pifostio de cuentas, porcentajes, sumas y restas y no se aclaraba, porque cada vez el resultado era distinto. Después de mucho bregar pagué, pero me di cuenta de que somos tan dependientes de la energía, las máquinas y las automatizaciones, que a estas alturas se arma un lío cuando hay que sacar un simple porcentaje.