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Cada vez más dependientes

En los años setenta, cuando los ordenadores eran cosa de grandes empresas y funcionaban con abultadas bobinas de papel perforado, se montó una buena carajera cuando el ordenador de una compañía aérea se estropeó, y hubo un caos estimable en los aeropuertos.
energia.JPGHoy, la informática está hasta en la sopa, si usted lee esto es gracias a la informática, y un fallo sería tremendo para cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana. Y sucede que, además, la informática y otros artilugios de los que nos valemos, funcionan con electricidad, es decir, dependen de la energía, que puede tener su origen en el viento, en el sol o en el petróleo. Eso nos hace muy dependientes, y en Canarias encima buena parte del agua que usamos también depende de la energía que se consume en las potabilizadoras.
Pero es que nos afecta en cosas mucho más personales. Hace unos días hice una compra de varios productos, intenté pagar con tarjeta y no era posible porque había una avería en la línea suministradora de energía de aquel lado de la tienda y no funcionaba el datáfono. Dije que pagaría en efectivo, y como tampoco funcionaba el ordenador que automatizaba el descuento que se ofertaba, la chica se armó un pifostio de cuentas, porcentajes, sumas y restas y no se aclaraba, porque cada vez el resultado era distinto. Después de mucho bregar pagué, pero me di cuenta de que somos tan dependientes de la energía, las máquinas y las automatizaciones, que a estas alturas se arma un lío cuando hay que sacar un simple porcentaje.

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No nos sentimos seguros

Dicen que hemos perdido mucho en seguridad, y es cierto, porque sólo hace falta mirar cualquier medio para darse cuenta de que el mundo parece a punto de reventar como una aguaviva. No hay espacio en este post para enumerar las docenas de conflictos que hay activos en el planeta, siempre son evocados los felices años sesenta del siglo pasado, que sin duda fueron los mejores de toda la historia en el mundo desarrollado.
DSCN1987.JPGEntonces nos sentíamos seguros, pero no olvidemos que hubo hambrunas en Biafra, que la gente se mataba en Pakistán y Bangla Desh, que Oriente Medio era un polvorín o que América Latina era sinónimo de opresión, con un golpe de estado cada diez minutos (en Bolivia, en 1967, hubo 5 golpes de estado en 6 meses).
Pero en nuestro entorno inmediato nos sentíamos seguros. Cogías una mochila, te subían en un barco hasta Cádiz y luego llegabas a Munich en auto-stop. Hoy nadie se arriesga, ni el de la mochila ni el del coche, porque nadie se fía de nadie. Pero el mundo era muy injusto también entonces, y creo que en lugar de avanzar hemos retrocedido.

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Burbujas

Se habla ahora mucho de las burbujas financiera e inmobiliaria, que era algo que todos nos temíamos, por no decir que se veía venir. En realidad, siempre ha habido burbujas, es decir situaciones sociales infladas, como los felices años veinte o el milagro de los años sesenta en España. La primera reventó con el crack del 29 y la segunda en los años setenta, cuando llegó a haber una inflación de 22%.
pompa[1].jpgAhora nos tememos una burbuja audiovisual, como me anuncia alguien de mucha confianza y que sabe de esto. La televisión está de moda por la implantación de la TDT, pero todos esos canales hay que llenarlos, y mantenerlos con el mismo pastel publicitario, que ahora es menor debido a la crisis. Joaquín Estefanía también se teme una futura burbuja con la deuda pública emitida, y con todo esto combinado muchos profetizan el reventón de los clubs de fútbol, que finalmente se nutren de las televisiones, y estas de la publicitada, y estas del consumo y…
Es una cadena, hasta tal punto que cualquiera de nosotros contribuye indirectamente y sin darse cuenta a engrosar las sumas millonarias que se manejan. Pero el dinero es simplemente una abstracción, un número, y si no ahí está el euro en lugar de la peseta, el franco o el marco. En realidad, la vida es una burbuja que nos estalla en las narices con toda seguridad un día cualquiera, aunque no hay prisa.