Se estrena por estos días NO-DO, el tercer largometraje del canario Elio Quiroga, que se convirtió en un director de culto hace ya unos años cuando presentó su primera cinta, Fotos, en el festival de Sitges. En medio hay, además de la película La hora fría, que es sin duda un esmerado ejercicio de estilo, una larga lista de cortometrajes -con nominación al Goya incluido- y un arduo trabajo de producción e investigación tecnológica que ha dado sus mejores frutos en esta nueva cinta, y hasta hubo una afortunadísima incursión en el cine de animación con el corto Home Delibery, muy celebrado en festivales de Europa y América.
Quiroga es un guionista y director que ama el género fantástico y trabaja el suspense y el terror con singular maestría. A primera vista, pudiera parecer que hace un cine dirigido al mundo friki, que es una expresión que proviene del inglés freak y que se traduce por extraño, extravagante o estrafalario. Aparte de que hay quienes reivindican lo friki como un valor, y que la gente asimila a los fanáticos de cosas diferentes o raras, como puedan ser el anime japonés, los cómics o las sagas cinematográficas de La Guerra de las Galaxias o de Star Trek, no deja de ser una clase de gusto, y con los mismos aperos podríamos llamar frikis a los entusiastas de la ópera o de la música de Enya.
Pero nada más lejos de la realidad, pues Elio Quiroga es un cineasta que lleva hasta las últimas consecuencias el concepto de cine de autor, y en este caso incluso en su acepción más literaria, porque Elio se pasa la vida escribiendo, y en lugar de novelas le salen guiones. La suya es una escritura minuciosa, que lleva mucho tiempo y que da un resultado cinematográfico muy acabado.
Uno de los problemas del cine español -yo diría que su problema básico- es la endeblez de sus guiones. Se hacen guiones de prisa y corriendo y todos están locos por coger la cámara, como chiquillos que quieren ser estrellas del fútbol y sólo piensan en tener un balón en los pies, sin pensar en tácticas, esquemas de juego o en la preparación física. Si los partidos se ganan en la pizarra del vestuario, las películas han de tener un guión sólido. Está claro que el dinero es fundamental, pero incluso con poco dinero se puede hacer una buena película, como ha demostrado Elio Quiroga repetidamente.
Luego, con las películas pasa como con los libros o los discos, que han de ser distribuidas y promocionadas, y eso es más dinero, y nada tiene que ver con la calidad del trabajo. Amenábar es el paradigma, y que es un gran cineasta, que lleva al plató los guiones terminados, y cuenta, además, con apoyo mediático y distribución amplia. De otra forma no habría podido conseguir el merecido éxito que ha tenido. Pero tiene lo fundamental, talento y capacidad de trabajo. Sin eso no podemos empezar a hablar.
Las películas de Elio Quiroga nacen de su talento y se fabrican con un trabajo ímprobo, porque Elio es un hombre culto que tiene, además, la humildad de preguntar para saber más. Sin un gran conocimiento histórico, psicológico, literario y cinematográfico no puede hacerse una película como NO-DO, pues en el soporte de una aparente historia de misterio hace un recorrido por los años más oscuros del franquismo, dibuja perfectamente la psique de sus personajes y encima nos da una historia atractiva, rica en matices y con un ritmo avasallador. Esa no es una película para frikis, sino para quienes degustan el arte cinematográfico sabiendo que cada fotograma es un hallazgo.
Otra de las característica de Quiroga, especialmente en este film, es su valentía, porque traza un esquema al uso: pareja con problemas, mujer desequilibrada, casa solitaria en medio del campo… Y sobre ese esquema comienza a engarzar elementos que acaban por configurar una historia diferente, inquietante, sorpresiva y finalmente estremecedora. Es como una lección de cine sin que nos demos cuenta de nos están aleccionando.
Hay otras aportaciones de Quiroga que se refieren al apartado técnico, y es su curiosidad de científico -no olvidemos que es universitario titulado en informática-, que lo ha llevado a lograr efectos sorprendentes y que son un escalón más en el largo recorrido que el cine ha hecho durante un siglo al lado de la ciencia y la tecnología.
Hace unos años, le hice una larga entrevista al cineasta canario que fue publicada en un libro que se llama Elio Quiroga: una creador multimedia, y para que se hagan una idea del personaje esto es lo que me dijo refiriéndose a una comparación que hacíamos entre actores ingleses y españoles: «El problema, creo, es el contraste. Reino Unido no sólo es la patria de Shakespeare, sino que la inmensa mayoría de los adelantos científicos (de Darwin a Newton o Maxwell, pasando por muchos otros) surgieron de aquella isla mientras en España nos dedicábamos a darnos de garrotazos. Hay algo secular, antiguo, en esta diferencia entre un país que emprende y otro que se limita a procurar no iniciar una guerra civil cada medio siglo. Para bien o para mal, somos un país que apenas sale del subdesarrollo, y eso se ve reflejado en todos los aspectos de la vida».
No es una respuesta al buen tun-tún, es la reflexión de un hombre de la cultura que sabe donde tiene los pies, y que es escritor en toda su dimensión y encima de esa base ha ido construyendo al cineasta. Por eso le salen tan buenas películas, que van creciendo con el paso del tiempo, porque Elio Quiroga quedará.
***
Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 de ayer.