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¿Qué va a ser lo siguiente?

Desde que, en noviembre, fue presentada en España la exposición «Bodies», he tenido intención de escribir sobre el asunto, pero siempre se ha cruzado otra cosa y al final no lo hice. Pero lo hago ahora, que ha estallado la polémica por la oposición que ha despertado en Polonia, donde será exhibida el próximo verano.
especta_515[1].jpgPara quien no lo sepa, esta exposición consiste en mostrar en una sala de arte cuerpo humanos tratados químicamente; es decir, cadáveres embalsamados de alguna manera. En Polonia hay una memoria terrible porque en los campos de exterminio nazis los dirigentes se hacían lámparas con piel humana, y lo que en otros lugares ha sido polémica en Varsovia es hurgar en una herida que no acaba de cerrarse.
Aunque aseguran que esta actividad tiene todos los respaldos jurídicos (y debe tenerlos porque de lo contrario no habría sido expuesta en medio mundo), una cosa son los papeles y otra muy distinta la ética. No todo lo legal es legítimo, y este es para mí un caso claro. Se dice que es arte, pero el arte no justifica que se expongan cuerpos humanos, porque finalmente no hay más mensaje que el del morbo y las personas a las que pertenecieron estos cuerpos merecen respeto.
No todo vale en el arte ni en nada. Se me dirá que la ciencia también se vale de cadáveres, o que la arqueología manipula restos humanos de otros tiempo. Es distinto, se trata de ciencia y no es un espectáculo. Es más, muchas veces, al investigar sobre estos restos se les devuelve la dignidad. Aquí no. Si consentimos estas cosas, ¿cuál va a ser la siguiente?

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DOMINGOS IM-POSIBLES (X)

Newman.jpgMiradas de cine
El cine es para mirar, pero hay otra mirada que es la que procede de la pantalla, y que transmite a veces mucho más que las palabras. Para mí, nadie ha expresado más con una sola mirada que Jack Lemmon en la escena de Missing, cuando le comunican sin que se oiga que su hijo ha muerto. En realidad, creo que Lemmon es probablemente el mejor actor que dado el cine en toda su historia, aunque no sea un mito como Brando y otros tantos.
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En los años treinta y cuarenta del siglo pasado, se llevaban los galanes duros con mirada triste, que van desde el demoledor Gary Cooper hasta el impasible Robert Mitchum, aunque también los había menos duros aunque igual de tristes, como Cary Grant o James Stewart. Luego llegó el método, pero a pesar de ello el cine logró algunas miradas tan limpias como la de Paul Newman…
Y ahí creo que se llegó al tope.
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mirada1.JPGPero, desde mi mirada masculina, son las miradas femeninas las que más me han llegado, y para mí el erotismo está en los ojos, en la forma de mirar, mucho más que en cuerpos sensuales que a veces no saben moverse, que rompen la sensualidad y convierten en zafia una escena magnífica.
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Cómo olvidar la mirada de Ava Gardner, que siempre era triste aunque sonriera; la de Claudia Cardinale que siempre era alegre aunque llorase; la de Jane Fonda, mostrando inseguridad desde la pretendida fuerza; la de Greta Garbo, indefinible y lánguida; la de Ingrid Bergman, que es para mí la equivalente en mujer a Jack Lemmon, tremenda, inalcanzable, superior; la de Grace Kelly, aristocrática y distante; La insinuante y destructiva de Marlenne Dietricht; la de Irene Jacob cuando es moldeada por el talento de un sabio como Kieslowski; la Marylin Monroe, tan inocente, tan atormentada mientras aparentaba intranscendencia; la de Sofía Loren, llena de rabia y dulzura a la vez…
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No, claro que no, ¿cómo iba a olvidarme de la mirada infinita de Julie Christie interpretando a Lara en Doctor Zhivago?
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Eso es el cine, porque un actor que no sabe mirar debería dedicarse a otra cosa. Y a todas estas y a pesar de la envidiosa rabieta nacional porque le han dado un Oscar, creo que Penélope Cruz está empezando a aprender a mirar.
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(Sé que faltan miradas inolvidables por su ternura, su dureza, du singularidad: Audrey Hepburn, Klaus Kinski, Silvana Mangano, Orson Welles, Alida Walli, Humphrey Bogart… Vaaaleeee, Audrey Hepburn),
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