En mi casa hay una guitarra que no es mía. Fue un regalo que hice un 14 de febrero, y mira por donde, al final he sido yo quien más ha disfrutado de su compañía. Y es que yo siempre he visto en esa guitarra una metáfora del amor, algo que regalas y que finalmente te vuelve en razón del ciento por uno.
Sobre el amor han escrito mucho y han cantado más, pero yo creo que no hay poema de amor más hermoso que el simple sonido que sale de una guitarra que amas y que pulsas con todo lo mucho o lo poco que sabes. Esas notas sublimes o torpes son una respuesta a tus caricias. Eso lo sabía Alfredo Zitarrosa, que hasta hablaba con su guitarra negra. Y es que las guitarras son un misterio, y no es porque tengan forma de mujer, sino porque son bellas, y la belleza siempre es misteriosa.
Creo que hoy tocaré un poquito, para terror de mis vecinos, pero luego la dejaré descansar porque esa guitarra es como un permanente camino de ida y vuelta, una caricia en un perpetuo día de San Valentín. Por cierto, ahora me doy cuenta de que es el cumpleaños de la guitarra. Cumple, mmmmmm… Cumple.
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Recomiendo estos enlaces para quien guste de la poesía, de la guitarra, de ambas, o simplemente sea capaz de emocionarse:
Guitarra negra 1
Guitarra negra 2
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