Carta a Tierno Galván
Querido profesor:
Hace hoy 23 años que usted nos dejó, y todos pensábamos entonces que, casi un cuarto de siglo después y bien batidos en vicisitudes democráticas, a principios del siglo XXI estaríamos curados del espanto hipócrita y escandalizante de aquella España pacata, reaccionaria y estúpida. Ya es memoria colectiva aquella imagen en la usted, con su apariencia de viejo profesor que tan bien supo explotar, entregó un presente a Susana Estrada, que por entonces era punta de lanza contra los convencionalismos sociales y sexuales. Y la artista acudía mostrando totalmente los senos a recibirlo de manos del alcalde, pasando por encima de protocolos y abriendo una brecha en la libertad de pensamiento y comportamiento.
Pero mire, querido profesor, la verdad es que no le merece la pena levantar la cabeza, porque esto sigue igual, incluso diría que peor; aquí sigue siendo motivo de griterío que la Vicepresidenta y Leire Pajín se vistan con atuendo de la tribu Maputo en un gesto de amistad con esa etnia, que la canciller alemana muestre un escote proporcional a su complexión física o que la Ministra de Defensa evite ir a la Pascua Militar vestida de Blancanieves. Para armar el guirigay da lo mismo que Esperanza Aguirre se ponga calcetines o que las ministras socialistas posen para Vogue, apoyando la moda y la industria española.
No hemos aprendido nada, profesor. Fíjese cómo será, que las gargantas profundas de la misma guerra civil de siempre han llegado al paroxismo fariseo con la foto -magnífica foto, por cierto- sensual y divertida de la portavoz parlamentaria del PP, Soraya Sáez de Santamaría, en un suplemento dominical. La verdad es que ya se cansa uno de más lo mismo, porque se compara con países parecidos al nuestro, como Italia, y allí que la Ministra de Igualdad de Berlusconi haya posado desnuda antes de llegar al cargo es una mera anécdota sin importancia. Y lo de Francia es pura envidia: imagínese, profesor, que la esposa del Presidente aparece artísticamente desnuda -pero desnuda, que quede claro- en los medios de comunicación, y a los franceses lo más chirriante que se les ocurre es decir que ha salido muy guapa. ¿Qué le parece? Eso sí que es una democracia.
Ya le digo, querido profesor, estamos donde estábamos o más atrás. ¿Que se hizo de aquella libertad sin ira? Yo creía hace un cuarto de siglo que la democracia serviría de algo, pero no será así hasta que se entienda que democracia no es sólo una forma de gobierno, también es una manera de vivir. Y lo peor es que siempre pasa con las mujeres, porque los hombres siguen con su eterna sosería, anclados en el traje americano y las corbatas a veces imposibles. Pero no pasa nada con ellos, salvo, por supuesto, que se hagan fotos con una corona de espinas. Pero esa es otra historia…