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Sobre el cine y las actrices

Ayer me preguntó un alumno de bachillerato por qué en mi novela Hotel Madrid hablaba de muchas actrices que no tenía nada que ver con la trama, puesto que la historia del fragmento que él comentaba se refería a la trasunta de Silvana Pampanini, protagonista de la célebre (aquí) película Tirma. Llegué a casa, repasé el pasaje de la novela y es cierto que en un párrafo mencionaba a Silvana Mangano, a Claudia Cardinale y a Sofía Loren. 29.jpgY lo hacía para explicar que a las actrices, especialmente a las españolas e italianas, les ponen delante el artículo «la» y luego su apellido, no sé si por familiaridad, por machismo o por desidia. Y ocurre también con las divas de otras artes. Suena irrespetuoso cuando decimos La Callas, La Paulova, La Pardo Bazán, La Magnani, La Bautista, La Caballé, La Yourcenar… Y nunca decimos El Kraus, El Vargas Llosa, El Mastroianni, El Duato o El Cela. Y todas esas grandes actrices italianas eran nombradas como contraposición a Silvana Pampanini, que sólo tenía en común con las otras que era muy bella, pero muy escasita de dotes interpretativas.
Y me movió a dos reflexiones, una sobre la novela, pues sería objeto de debate si son o no necesarias muchos de los renglonen que componen una novela, y la otra reflexión fue más bien un ataque de nostalgia de cuando echaba uno a caminar por la ciudad y cada tres calles encontraba un cine: San Roque, Cairasco, Avenida, Cuyás, Avellaneda, Royal, Capitol, Bahía, Santa Catalina, Rialto, Victoria, Hermanos Millares… Ya sólo hay multicines, el Royal ha cerrado y el Monopol peligra. Me temo que el futuro es el Home Cinema.

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Santa Lucía

rostro.jpgDesde siempre, el 13 de diciembre ha tenido un significado especial para la mayor parte de la gente. Es Santa Lucía, que es la patrona de los ciegos, porque, según la tradición, ella misma perdió los ojos en la tortura de su martirio en su Siracusa natal.
La religión es cosa de cada cual, pero la tradición es de todos, y por eso se asocia a Lucía con la luz, o con la falta de luz en los inviernos noctámbulos del círculo polar. Ya es una nueva tradición que venga cada año la Lucía sueca (Santa Lucía es muy venerada entre la oscuridad decembrina de los suecos) a nuestra luminosa Santa Lucía de Tirajana.
Y es bueno tener presente a aquellas personas que carecen del sentido de la vista, o que tienen alguna dificultad para ver, aunque no hay mayor ciego que el que no quiere ver, que son los ciegos del espíritu. Los ciegos dan pena y generan solidaridad; los sordos dan risa y promueven a la burla. Es triste, pero nadie aprecia la dimensión de los sentidos, pues son los que nos comunican, nos hacen humanos.

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Veinte años sin Nanino

timple.JPGEl día 27 de diciembre de 1988 murió Fernando Díaz Cutillas y surgió el mito de Nanino. Para lo clásicos, un mito es una narración que sirve de modelo a las conductas humanas, y la narración del mito de Nanino es su propia trayectoria profesional, y también personal, porque esa capacidad para comunicar procede de su manera de ser. Hoy, con cierta distancia temporal, podemos decir que pocas cosas se han hecho en Canarias hacia su unidad, su autoestima y el orgullo del autoconocimiento como la labor que desarrolló Fernando Díaz Cutillas.
Se fue de un zarpazo, como suele ocurrir en esta tierra en la que de la noche a la mañana y casi sin aviso desaparecen José Antonio Ramos, Lorenzo Godoy o Efrén Casañas. Nanino se marchó así, y tal vez por eso nos alertó sobre lo que aún quedaba por hacer. Por ello es justo recordar a este hombre a los 20 años de su desaparición física.