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Libros y escritores en Canarias (*)

Casi cada semana tenemos una muestra del vigor de la narrativa en Canarias en los últimos años, debido en parte el propio fenómeno y en parte a la posibilidad de publicación en nuevas editoras privadas que, aunque cuenten con apoyos institucionales (de otra forma sería imposible), están haciendo una meritoria labor. Ya son cotidianos en nuestras librerías nombre como Alexis Ravelo, Santiago Gil, Elena Morales, Angeles Jurado y otros que se suman a los que venían de más lejos y que siguen en la brecha, como Antolín Dávila, Ervigio Díaz Marrero o Francisco Quevedo.
muestraPorta.gifHay por lo tanto un mosaico de escuelas, estilos y propuestas que enriquecen el panorama editorial, sólo empañado por el escaso eco publicitario de nuestros escritores, que se ven ahogados por las novedades que vienen reseñadas en los grandes medios y las promociones de libros a menudo inútiles escritos por personajillos, que nada aportan pero que sí facturan muchos millones en la industria editorial, que como la televisión, la prensa o el cine, tiene su espacio de basura.
Por otra parte hay que hacer notar que los apoyos institucionales son imprescindibles, y ya que se ayuda a la edición también debiera trabajarse la promoción, porque el peso publicitario de los grandes medios es tan abrumador que convierte en muy desigual la lucha del libro canario en los escaparates de las librerías, si es que están, porque a veces ni llegan a ser expuestos al público.
Entre los lectores hay dos corrientes muy señaladas y ambas son falsas. Unos dicen que de fuera nos viene metralla y que la verdadera esencia de la literatura está en nuestros escritores, producto genuino de la tierra. Eso es mentira, directamente. La otra corriente predica justamente lo contrario, que aquí sólo se escriben mediocridades y que sólo hay que leer lo que viene de fuera. Eso, evidentemente, también es mentira. De manera que, como siempre, la virtud está en el fiel de la balanza, y de aquí o de fuera, hay bueno, malo y mediopensionista.
Los que no tienen ni idea de cómo funcionan las grandes editoras, la influencia de los medios y el dinero que se gastan en promociones, suelen afirmar que si un libro es bueno triunfa por el sólo hecho de serlo. Vienen a decir que es el mercado el que finalmente decide, y eso podría ser verdad si todos los escritores compitieran en las mismas condiciones, pero es evidente que en este caso no es así, y por ello, más que por la edición, clamo hoy por la promoción.
qq.jpgDistribuidores y libreros están pillados por esas torres de libros del último bet-seller, y cuando me argumentan que ha habido libros que de repente entran en las listas de los más vendidos sin que su autor sea conocido anteriormente fallan al olvidar que siempre vienen precedidos de una gran editora que se ha encargado de abrir un hueco en los medios. Por su puesto, esos libros supuestamente triunfadores desde la nada no tienen por qué ser necesariamente malos, al contrario, los hay y muy buenos, como el primero de Luis Landero, Juegos la edad tardía, Los detectives salvajes de Roberto Bolaño o Soldados de Salamina de Javier Cercas. Pero que nadie se llame a engaño, estos libros tuvieron una promoción premeditada y calculada, con apoyos de grandes firmas en los periódicos de más tirada (recuerdo dos páginas firmadas por Vargas Llosa sobre el libro de Cercas), y fueron vitoreados en la radio, la televisión y bendecidos curiosamente por los premios más importantes. Nada sucede por casualidad.
Quiero por ello reseñar a tres escritores que tienen libros nuevos este año en las librerías, como Luis Pérez Aguado, que ha escrito para los más pequeños una aproximación a la Historia de Canarias apoyada en el cómic, Zarapito, un trabajo importante que lo padres deberían hojear y que recomiendo; lo mismo digo de un escritor ya contrastado como José Luis Correa, que pone en circulación una nueva edición de Una canción para Carla, la novela con la que ganó el Premio Vargas Llosa de la Universidad de Murcia. Este escritor cuenta también con títulos tan sugerentes como Me mataron mal o Un tango con la muerte, y aporta una visión de la literatura que tiene en cuenta al lector como cómplice de sus historias, hace como un juego a cuatro manos y resulta muy interesante.
Como ven, libros canarios hay, como la colección Episodios Insulares, que recrea distintos momentos de nuestra historia desde la ficción, y con las plumas canarias más reputadas en el puente de mando. Es este otro proyecto, como el mencionado de Pérez Aguado, muy interesante para los más pequeños, pero también para los mayores, porque hay textos que tienen enjundia para interesar a los adultos.
Esperemos que el Cabildo de Gran Canaria tenga en cuenta este apogeo de la narrativa y restaure el Premio Pérez Galdós, que fue borrado del mapa en 1993, justamente cuando se cumplían 150 años del nacimiento de Galdós. No lo quiero para mí, ya lo tengo. El argumento fue que en Canarias no se producían novelas suficientes como para justificar la existencia de ese premio. Los que ya lo teníamos, elevamos nuestra protesta llegando incluso al Presidente de la Institución, que curiosamente era poeta, pero nuestra gestión cayó en saco roto. Si querían novelas, escritores y escritoras, ahora los tienen en cantidad y calidad. Y ya que recomiendo libros escritos por canarios, tengan también en cuenta uno que se llama Tríptico de fuego, escrito por un tal Emilio González Déniz. Ya sé que es autopromoción, pero esto es una guerra y, como decía mi abuela, «en tiempos de guerra no se oye misa».
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(*) Este trabajo apareció el miércoles 24 de diciembre en el suplemento Pleamar del periódico impreso Canarias7.

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Cultura-enseñanza-política-educación

Cuando hablamos de cultura, tenemos que pensar inmediatamente en la enseñanza, porque son los enseñantes los que fijan las bases de la cultura de los pueblos. Hay otra relación importante entre cultura y enseñanza, y es que, sobre todo en el último siglo, muchos son los autores, especialmente de literatura, que han compartido sus inquietudes creativas con el magisterio en el aula en distintos niveles: Machado, Bergamín, Dámaso Alonso, Víctor Ramírez, Landero, Elsa López… Pero lo que nos importa en este trabajo es la importancia de la Enseñanza en el desarrollo de las nuevas generaciones, ahora que todos miran hacia el profesorado como factor determinante, que lo es, pero cada vez menos por la incidencia que tienen los distintos medios sobre el alumnado.
Y es que, si España ha cambiado muchísimo en 30 años de Constitución, el sistema educativo ha ido a la par de esos cambios, y se ha establecido una especie de provisionalidad porque siempre se espera que en pocos años algo cambie, y casi siempre en lo fundamental. Eso es lógico, porque ya que la educación no puede ser pitonisa y adelantarse a los cambios que siempre son sorpresivos, al menos debe ir pareja a esa evolución. Dicen que los sistemas educativos periclitan a los 25 años, pero en España llevamos todo ese tiempo montados en una especie de proyecto experimental que ha tenido sus hitos en la LOGSE, la LODE y ahora la LOE, y no sería extraño que con el próximo cambio político también haya otro en el sistema educativo.
mural.JPGDesde que, recién llegado al ministerio de Educación y Ciencia, allá por 1982, José María Maravall puso en funcionamiento la máquina de la Reforma del Sistema Educativo, no ha llovido mucho, pero han pasado muchas cosas. Secundado por Alvaro Marchesi, Maravall se dio a la tarea de ir desarrollando a través de experiencias piloto lo que luego desembocaría en la LOGSE. Señalar cada uno de los pasos nos llevaría páginas y páginas hasta llegar hasta hoy, pero esta larguísima travesía puede tener la defensa de que no hay que precipitarse; es cierto, hacer las cosas con demasiada premura induce a menudo al disparate; pero una cosa es ir despacio y otra tener en vilo durante tanto tiempo a una sociedad, con el agravante de que lo que salió articulado en la LOGSE se parecía muy poco al proyecto Maravall-Marchesi de principios de los ochenta. Los cambios actuales van por el mismo camino.
Nadie discute la necesidad de la evolución de nuestro antaño anquilosado sistema educativo; ni siquiera entramos en si el camino emprendido es o no el correcto desde un punto de vista técnico. Aceptamos incluso que lo sea, siempre que teoría y práctica vayan a la par. Lo que sí discutimos es el talante con que se han ido haciendo las cosas, siempre desde arriba hacia abajo, con la deficiente información como factor común. Y lo más grave no es que la sociedad sólo entendiera ambigüedades, sino que el profesorado, el ente ejecutor de esos cambios sustanciales en la enseñanza, ha ido asistiendo año tras año a los diversos cambios, siempre a golpe de boletín oficial. No se ha buscado la complicidad del profesorado, sino que durante años la llamada Reforma ha sido un arcano conocido por unos pocos, mientras en la inmensa mayoría del profesorado la incertidumbre ha sido la norma, porque nadie podía adivinar qué arcángel se le iba a aparecer a una ministra o a un consejero de Educación.
El profesorado tiene en sus manos, después de los padres, las primeras orientaciones que recibe el hombre en la sociedad en la que luego tendrá que sobrevivir. Tan sólo por eso, la sociedad debiera preocuparse de que estas personas que tanta responsabilidad soportan estuvieran en condiciones laborales, humanas, técnicas y psíquicas óptimas, pues de ello depende en gran medida el éxito de la educación. El profesor es un funcionario pagado con dinero público y con un cometido social, y por ello tiene que responder no sólo ante sus alumnos, sino ante la sociedad en su conjunto, y más específicamente ante las autoridades educativas, los padres y cualquier otra instancia pública. Esa es la exigencia irrenunciable de cualquier sociedad, y es por ello que el profesorado recibe presiones de todos los estamentos, una presión que a menudo no está preparado para soportar, puesto que a menudo tiene que responder a preguntas cuyas respuestas desconoce, sencillamente porque no dependen de él, y siempre está a la espera del próximo boletín oficial o la siguiente circular. Al profesor se le dan hechos consumados, y junto a la complejidad de las sucesivas reformas, se cierne sobre él la tensión de no saber qué va a suceder con su puesto de trabajo. El proceso ha sido demasiado largo y la tensión a veces puede hacerse insoportable.
El docente se siente amenazado por todas partes, y en esas condiciones, sin respaldo social, sin autoridad moral, es imposible que la educación en su conjunto funcione como sería de desear. Y sin educación de calidad no hay futuro. Los profesores son los agentes más imprescindibles en este cambio, y es necesario que ellos se sientan respaldados y seguros, sin esa incertidumbre que existe en muchos de ellos. Todos necesitamos confiar en todos, aunar esfuerzos y buscar el equilibrio entre la necesidad, el deseo y las posibilidades reales. Hay que ser eficaces y realistas, evitando en lo posible politizar un sector tan imprescindible como es la educación. Hay demasiada burocracia interpuesta, una exagerada confluencia de términos técnicos que finalmente significan lo mismo. Y se trata sólo de transmitir, que no es poco, ser cómplices entre todos en la hermosa tarea de la cultura. Canarias nos lo agradecerá o nos pedirá cuentas en el futuro.
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(Este trabajo sale hoy en el suplemento cultural Pleamar de la edición impresa de Canarias7).

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Zapatos, botas y herraduras

En el tiempo de descuento de su mandato, Bush Jr. ha demostrado tener reflejos físicos para esquivar un zapatazo (bueno, dos) cuando venían como obuses los zapatos de un periodista iraquí. bota.jpgOjalá hubiera tenido los mismos reflejos para prever el ataque a las Torres Gemelas (asunto este tan raro que algunos comparan con la pantomima de Pearl Harbour), para no meter la nariz a medias en Afganistán, donde todos pierden, para meterla del todo y pillar a Bin Laden, para pensarse lo de las armas de destrucción masiva en Irak, o para avizorar la gran estafa que se estaba haciendo al sistema financiero delante de su narices (claro, las narices las tenía en Irak y Afganistán).
Y si hablamos de zapatazos, pocos dirigentes tienen en su haber un rosario de meteduras de pata tan nutrido, y todo se resuelve con la bota militar, y el caso es que a Obama no le deja muchas opciones porque Estados Unidos, Zapato.jpggobierne quien gobierne, está cabalgando un tigre, y ya se sabe que como se baje el tigre lo devora. Es decir, Obama tendrá que seguir aunque no quiera.
Son más divertidos los zapatazos de Norma Duval al presunto periodista que fue yerno de una de las nietísimas. Aunque yo me quedo con los zapatos de salón elegantes, delicados y ¡rojos!, como los que luce Charlize Teron en un anuncio de perfumes, Natalie Portman en su última película o Julia Robert haciendo de Cenicienta en Pretty Woman. Los prefiero a la bota militar, qué quieren que les diga.