Siete de julio, San Fermín. Es una fiesta que ha alcanzado categoría de mítica desde que a Hemingway se le ocurrió ponerla en el calendario. Realmente es una fiesta bizarra, en la que se lleva al cuerpo hasta sus límites, y luego se van a correr delante de unos toros bravos que suben por la calle de la Estafeta. Pero es San Fermín.
Para colmo, resulta que San Fermín es un usurpador, porque todo el mundo lo relaciona con Pamplona, como si él fuese el patrono. Y no lo es. El patrón de Pamplona es San Saturnino, que tanto me da que que da lo mismo, pero es que el tirón de Hemingway es muy fuerte, y más cuando es encarnado por Errol Flynn en Fiesta, con Ava Gardner acompañándolo en la borrachera.
Hemingway nunca me ha caído bien. Pongo por delante que es un gran novelista, eso no se puede discutir, pero personifica todo lo que aborrezco: machismo, bravuconería, petulancia, despotismo. Pero es Hemigway y es San Fermín. Qué le vamos a hacer.
Sí, Hemingway es todo eso, y además tiene unos diálogos muy suyos, pero no olvides que también es el autor de «Adiós a las armas» y en estos días no estaría de más releer aquella novela.
Saludos.