Decía el Dr. Matías Díaz Padrón, conservador senior del Museo del Prado, es “asombroso” que estén en Canarias refiriéndose a las obras de arte de la ermita de Agaete y Basílica Menor de San Juan. Continuaba su explicación: “había una elite que tenía un poder para que las obras directamente llegarán desde los Flandes a Gran Canaria”. Unos “señoritos de Agaete” alcanzaron esas obras de arte, es “asombroso e inaudito”.
Con Flandes se estableció un importante comercio que dio lugar al intercambio e importación por los propietarios de tierras, haciendas y cultivos de la caña de azúcar, de obras maestras de la pintura flamenca, piezas artísticas que hoy se conservan en sus localidades grancanarias, ermitas, iglesias y museos. No conoce ningún caso en el territorio español de obras (del siglo en cuestión) de esa envergadura y calidad, concluye Díaz Padrón.
Estas y otras consideraciones están recogidas en el documental La fábrica del azúcar de apenas veinte minutos y de recomendable visión. Patrimonio del Cabildo de Gran Canaria ha resumido magistralmente una etapa de Canarias, transición entre lo aborigen, la esclavitud y la globalización de un mundo en el siglo XV y XVI, apoyándose en el azúcar.
El azúcar para Canarias en los siglos XV, XVI y ya en menor medida en el primer cuarto del XVII supuso el auténtico motor económico de la Isla, marcando su desarrollo, además de las que venían dadas por la pertenencia a estamentos militares, de la administración o religiosos, las diferencias sociales del momento. También los ingenios tanto con sus plantaciones, como sus núcleos fabriles y de población y sobre todo con la extracción permanente y continua de madera de los bosques isleños supusieron un fenómeno de transformación paisajística de gran importancia que sin duda marcó la fisonomía de la Isla en los siglos venideros.
Los ingenios azucareros pronto se convertirán en importantes emporios económicos a los que se les asocian no sólo las infraestructuras necesarias para la producción de azúcar (plantaciones, molino, salas de calderas, salas de purgado, etc.), sino que se irá creando un verdadero ente autónomo en el que se construyen las viviendas para alojar a los trabajadores del ingenio (especialistas, artesanos, asalariados, esclavos, etc.), hornos de pan, etc. La exportación de azúcar permitió el despegue económico del archipiélago marcando el desarrollo de los principales núcleos poblacionales de las islas productoras, hasta que la competencia de las producciones americanas provoca la crisis y declive del azúcar en el archipiélago, obligando a la reconversión de la producción agrícola canaria hacia la producción de vino.
La expansión atlántica del cultivo de caña de azúcar culmina con su traslado a América, donde vivirá su apogeo y máxima expansión agrícola en las colonias españolas, pero, sobre todo, en las portuguesas, principalmente en Brasil, que constituye en la actualidad, el principal productor de azúcar en el mundo.
Con las primeras “Jornadas de los Ingenios Azucareros: Investigación, participación y valores a preservar, presentación pública de los resultados de la intervención arqueológica realizada en 2021”, ciclo organizado por Turcón Ecologistas en Acción, el arqueólogo Valentín Barroso confirmó la existencia, relación, causa y efecto, de que las pilastras de Los Picachos coincidían con un Ingenio Azucarero, por si había dudas. Descubrió la recuperación de fragmentos de recipientes cerámicos variados y la zona del hueco de la rueda del molino, posible sala de molienda. Recreó con las modernas técnicas (dibujos y maquetas) lo que pudo ser la industria del azúcar en Telde, el Ingenio Azucarero de Los Picachos.
Por su parte, la Directora General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, Dña. María Antonia Perera Betancor, avanzó que, en el primer tercio del siglo XVI, llegan tres retablos flamencos de primera categoría a Telde, vinculados a la familia García del Castillo, propietarios de ingenios.
Para acabar, permítanme la licencia de una comparación: sería como si hoy en día llegasen a Telde tres “picassos” y es que las ruinas de Los Picachos todavía no han escrito su última página. Lo cierto es que el ingenio y el azúcar permitió trazar una línea tangencial atlántica, una ruta económica, social y cultural, entre Europa, Madeira, Canarias y el Nuevo Mundo.
Todas estas investigaciones y su posterior divulgación, nos ayudarán a comprender mejor todo aquel complejo industrial del oro blanco que globalizó la realidad de Telde con el Mundo del siglo XVI.
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