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70 años de Casablanca

zsuenos-de-seductor-2[1].jpgSiempre fui un entusiasta de Casablanca, y creo que es una extraordinaria película, pero me niego a esas etiquetas de «mejor» película de la historia, que otras veces le cuelgan a Ciudadano Kane y útimamente están emperrados en que sea El Padrino. Está claro que las tres son magníficas, pero revisaba no hace mucho Lawrence de Arabia y me siguió fascinando más si cabe que cuando la ví por primera vez. Hay muchísimas películas muy buenas, y luego vienen los géneros, porque Casablanca no puede compararse con Blade Runner o Johnny Guitar, porque son magnitudes diferentes. Y centrándonos en Casablanca, hay que decir que no se convirtió en mítica hasta treinta años después de su estreno, cuando en 1972 Woody Allen protagonizó Sueños de seductor (*), donde tomaba al Bogart de Casablanca como modelo paródico. Es de esa película de donde sale la idea de que en Casablanca se dice la famosa frase «Tócala otra vez, Sam», que nunca se pronuncia sino en la memoria humorística de Allen. De alguna forma, Woody Allen tiene mucho que ver con la mitificación de Casablanca, si bien siempre fue una película muy valorada, pero no mítica desde el principio con por ejemplo Lo que el viento se llevó o 2001, una odisea del espacio. En cualquier caso, ya que durante tanto tiempo he dado la tabarra con Casablanca, justo es que la recuerde en su setenta cumpleaños.
(*) Como bien me ha señalado un lector, esta película no fue dirigida por Allen, aunque sí que es la adaptación de una obra de teatro suya.

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Vamos por buen camino

zvFoto0516.JPGPues nada, ya hemos entrado en la ruta conveniente, porque hay signos cósmicos que así lo anuncian. Cuanto peor nos iba la economía, mejor se nos daba el deporte, y hablo en plural porque el deporte desata el sentimiento de tribu, y parecía que las canastas, los goles y las medallas eran cosa de todos. Antes, cuando no se ganaba, la gente vivía mejor, y es curioso porque se suele decir que el deporte de élite es la guinda de las sociedades que progresan. Pero está claro que España es diferente, y me tranquiliza que Nadal ya no sea el número 1, que a Gasol lo dejen en el banquillo, que Fernando Alonso no gane el Mundial de Fórmula 1 y que tanto los del tenis de la Copa Davis como los del Mundial de Fútbol sala hayan perdido sendas finales. Ha sido por poco, como antes, cuando Arconada fallaba, cuando un árbitro cegato nos echó del Mundial de Corea o cuando se perdían las finales de Champion en los penaltys. Habrá que ver cómo le va a Contador en el próximo Tour. Ahora la cosa pinta bien, porque hasta el Barça ha perdido con el Celtic, algo impensable hace un par de años. A la UD Las Palmas empieza a irle mejor, y es que el equipillo siempre ha ido contracorriente. Esa es otra señal, aunque me preocupa que el Club Baloncesto Gran Canaria lo está ganando todo, y se corre el peligro de que Iniesta o Casillas ganen el Balón de Oro y que en el 2014 levanten otro mundial en el Maracaná. ¿Por qué España no puede ser normal, y ser parejos en triunfos y en economía, pero por arriba? Es que aquí cuando se trata de jugar ganamos todos, y si no la culpa es de otro, hasta el punto de que por lo visto nadie ha perdido en las elecciones catalanas.

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Homenaje a la música

z36-pentagrama[1].jpgCada 22 de noviembre se celebra el Día de la Música. La disculpa es Santa Cecilia, cuya historia proviene de ese difuso tiempo de los primeros siglos del cristianismo, pues no hay una versión clara sobre su patronazgo. Pero es importante que al menos un día al año nos paremos a pensar en la importancia que tiene la música en la vida y la cultura del ser humano. Desde las primeras manifestaciones humanas, la música ha estado presente como vehículo de expresión, fuese de alegría, tristeza o incluso invocación. El ritmo se hizo presente por diversos medios, con tambores, palmadas o inflexiones de la voz, y los sonidos más dispares aparecieron en cada una de las edades del hombre, empezando con las humildes caracolas marinas o las básicas flautas de caña hasta los más sofisticados instrumentos electrónicos, pasando por una evolución paralela al descubrimiento de nuevos materiales y al desarrollo del conocimiento. Y siempre, el instrumento más perfecto, la voz humana. A menudo no somos conscientes de la presencia que tiene la música en nuestras vidas, con significados sentimentales, sociales o rituales: cánticos religiosos, marchas circenses, música militar, himnos de toda índole, canciones infantiles y toda la música en sus distintas manifestaciones. Una canción, incluso aunque no sea gran cosa, puede llegar a conmocionarnos para bien o para mal porque nos traslada a un momento determinado de nuestra vida, y todos tenemos unas músicas personales aunque no las tengamos catalogadas, porque la música se mueve con el ritmo de los latidos de nuestro corazón. Magníficas son las composiciones de los grandes maestros, pero no hay que ir tan lejos, y cualquier musiquilla de aparente intranscendencia puede remover nuestro interior porque conecta con nuestra memoria. De ahí que la música sea tan determinante en la vida y un elemento fundamental de nuestra manera de ser (dime qué música escuchas y te diré quién eres).