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El respeto a las creencias


Siempre hay algún hecho que da pábulo a los creyentes de una religión a afirmarse en ella y a sus detractores a ensañarse. Fíjense que he dicho «detractores», que son quienes atacan de manera inmisericorde todo aquello que salga de la racionalidad (habría que establecer antes cuáles son los límites de lo racional), y que suelen actuar con una actitud pareja al fanatismo que achacamos a aquellos que lleven sus creencias al extremo. No me gusta que traten de convertirme a nada, y las encendidas prédicas de los proselitistas religiosos me molestan exactamente lo mismo que ese discurso a marchamartillo defendiendo la racionalidad a toda costa. Cada uno tiene el derecho de creer o no creer en lo que quiera, y ni los creyentes deben descalificar a los no creyentes ni al contrario, que de todo hay.
zzz889DSCN4407.JPGEn estos días se ha armado mucho ruido porque el expapa Ratzinger ha dicho que Dios le dijo que debía dimitir. También ha habido cabreo porque en la feria de Málaga un grupo ha hecho una parodia de la procesión del Cristo de la Buena Muerte, que tiene muchos devotos en la Semana Santa malagueña. En un estado democrático, la libertad de expresión es fundamental. Se argumenta que estas parodias hieren la sensibilidad de los creyente, pero lo mismo podrían decir los no creyentes cuando se llenan las calles de Cristos sangrantes que parecen sacados de una película de terror. En España, la cosa siempre va de extremos y se alienta la confusión; recordemos que durante el franquismo las palabras ateo, comunista, masón, librepensador y agnóstico significaban lo mismo, y está claro que son cosas muy distintas y a menudo excluyentes entre sí. Así que, en esta tierra de maximalismos, habría que cultivar la moderación y el respeto de todos, porque a menudo tampoco se respeta a quienes no siguen a pies juntillas la religión mayoritaria. Por eso, la crítica es para unos y para otros.

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Adivinos de pacotilla


zzz333Foto0682.JPGPor si mañana es el fin del mundo, esta noche voy a acostarme temprano, porque para estas cosas hay que madrugar. Nostradamus era muy críptico y anunciaba sus profecías en oscuras cuartetas que hay que interpretar. Pasa lo mismo que con una pitonisa famosa en televisión que asegura que había anunciado la muerte de John-John Kennedy, porque dijo unos meses antes que moriría un importante político. Que yo sepa, el hijo de Jakie era editor de revistas, y su dedicación a la política es tan hipotética como que Florentino me fiche en lugar de Bale (yo le saldría más barato). La predicción también habría valido para cualquiera, porque estos augurios tan generalistas son un valor seguro. Si yo digo ahora que durante el año 2014 morirá alguien importante del cine, la literatura o la política, seguro que acierto. Por otra parte, es ya una norma que se aplace el fin del mundo y que se diga que se interpretó mal a Nostradamus o a los mayas, se proponga una nueva hipótesis y se coloque en el mercado un libro sobre ello.

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Cosas del subconsciente

Me cuentan que hubo un tal Sigmund Freud que dijo que a través del lenguaje el subconsciente se abre paso y deja en evidencia muchas cosas que aparentemente no lo están. También me aseguran que para cazar esas fugas del plano profundo de la mente hay que tener muy buen oído y mejor memoria para establecer patrones comparativos. He visto que, desde que el PP llegó al poder, los ministros y dirigentes dicen cosas que a menudo no se parecen a lo que hacen, exhibiendo malabarismos lingüísticos:: Wert, Fátima Báñez, Ruiz-Gallardón, Ana Mato, etc., etc., etc…
zzzzzzFoto0637.JPGY ahora me pregunto si esa teoría del subconsciente será verdad, porque el ministro Arias Cañete ha dicho: «Al Gobierno no le tiembla el pulso ante las amenazas de Londres en Gibraltar»; lo curioso es que también me han dicho que hubo un militar (¿lo ven? hace falta memoria) que una vez dijo en Burgos algo así: «Ponéis en mis manos a España. Mi mano será firme, mi pulso no temblará». Ya me acordaré de su nombre y mientras tanto nos hacemos un Trafalgar pequeñito.
Bah, pero seguramente ese tal Sigmund Freud no sabía gran cosa del subconsciente.