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Juan Goytisolo, un escritor omnívoro

Juan Goytisolo es probablemente el escritor más influyente en la narrativa española desde que en 1954 publicara su primera novela, Juego de manos, que fue el aldabonazo que encendió la mecha de la novela social. Pero el escritor estaba siempre en una búsqueda constante, y apenas publicó tres o cuatro títulos -todos importantes- insertos en este movimiento, se desmarcó de los escritores de su generación y entró en un espacio lírico diferente, que dio lugar a libros rutilantes, muy diferentes a lo que se hacía a su alrededor, con joyas tan valiosas como Campos de Níjar. Pero su modo de vida y el ambiente que imperaba en España en plena dictadura lo empujó hacia Francia, e hizo de París su segunda casa, que ahora ya está en Marrakech, como le ocurrió por esa misma época a Fernando Arrabal o Jorge Semprún. París se convirtió entonces en el vértice desde donde miraba el mundo, y desde luego se parecía muy poco a la España de los años sesenta.
goytisolo22.JPGA partir de ahí, su literatura entró en una fase de experimentalidad, a la que no fueron ajenos en España Luis Martin-Santos, Juan García Hortelano, su hermano Luis y autores de generaciones anteriores como Torrente Ballester (La Saga-Fuga de J&B) y el propio Cela (Oficio de tinieblas, San Camilo 1936). Juan Goytisolo lideró una nueva forma de escribir, que se hizo legendaria en Señas de identidad, aunque los desagradecidos oriundos siguen dando la bandera de este movimiento a Juan Benet, discusión que no me hurta mucho tiempo, puesto que ese experimentalismo, a menudo gratuito, no es precisamente la parte de la obra de Juan Goytisolo que más me interesa.
goytisolo11.JPGEl Goytisolo con el que soy más afín es el que se recupera en su libro de memorias, Coto vedado, y ya sigue con magníficos textos tan comprometidos con la buena literatura como con la realidad de un mundo en conflicto. No fue ajeno a la guerra de los Balcanes, a la de Chechenia ni a ninguna otra de las muchas que hoy desangra el mundo. Su voz literaria y su pensamiento intelectual van de la mano, avizorando al ser humano desde arriba, con ojo de halcón al que no se le escapa nada. Podría decir que suscribo cada una de sus ideas, aunque sí que soy muy discrepante de su sorprendente apoyo a lo que él llama El Gran Marruecos, que incluye el Sahara Occidental y a los saharauis dentro de ese inopinado imperio marroquí. Nunca he entendido esa afección a una situación y unas ideas que combate en el resto del planeta, aunque ello no le resta ni un ápice de calidad literaria, simplemente no lo comparto, seguramente porque no lo entiendo.
Esa postura de intelectual crítico le ha retrasado honores literarios en su país, y a estas alturas debo reconocer que me ha sorprendido que le hayan otorgado el Cervantes, porque ya daba por imposible que en España se le reconociera con cualquiera de los grandes galardones oficiales, que han conseguido otros con muchos menos mérito de todo tipo que él. Por lo tanto, estamos ante un fallo que hace justicia, aunque cuando llega a destiempo la justicia empieza a no serlo. Pero resultaba chocante que un escritor que ha capitaneado varios movimientos importantes y que está muy reconocido internacionalmente fuese olvidado en su casa. De alguna manera él también se había hecho a la idea, y, a decir verdad, tampoco hacía demasiados esfuerzos por ganarse la simpatía de la intelectualidad española «de dentro», más bien al contrario, pues todos conocemos algunas de sus declaraciones sobre la narrativa española que a menudo rozan el exabrupto. En todo caso, bien está lo que bien acaba, y, como él dice, es escritor en todos los géneros, pero prefiere la narrativa porque «La novela es un género omnívoro, puede incluir la poesía, pero la poesía no puede incluir la novela». Ok, maestro.
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(Este trabajo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 del martes 25 de noviembre, con motivo de la concesión a Juan Goytisolo del Premio Cervantes)</strong>

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El vasallaje y la picota

imjuh7agen.JPGEstos día me he visto traladado a muchos siglos atrás, con el vasallaje que se rindió a una difunta poderosa, cuyo velatorio fue vergozosamente retransmitido durante horas por la televisión pública. Era la representación de besar la bota que te pisotea. Por otra parte, he visto cómo la gente (periodistas incluso y en directo) exigen saber cómo va a pasar en la cárcel cada minuto Isabel Pantoja, y me ha horrorizado ver que la gente se hacía fotos-souvenir con la cárcel en la que está recluida al fondo. Es la versión digital de la picota.
Aunque la picota viene de muy antiguo como soporte de la exhibición de los ejecutados para ejemplo y escarmiento de habitantes y transeúntes (los crucificados de la guerra de Espartaco), luego tomó un cariz más de burla y humillación a los reos, que eran atados, no como advertencia, sino para diversión del pueblo, que los escarnecía burlándose de ellos, espolovoreándolos con harina o escupiéndolos. El soporte físico era una columna (se conservan algunas) que estaba en las plazas de las poblaciones o a la entrada de las misma para atar a ellas a los «robagallinas» y a las mujeres «de moral distraída». Todo esto se fue suprimiendo en Europa y América a partir de las revoluciones burguesas del siglo XVIII, aunque en la América profunda y calvinista la costumbre de marcar a las mujeres adúlteras con una letra escarlata perduró hasta mucho después de la independencia. A un condenado se le administra su pena y luego es un ciudadano más, y es el Estado el que lo hace en los centro penitenciarios. Y ahí termina el castigo, sin picota ni escarnio. Lo que estamos viendo en los últimos días con Isabel Pantoja nos hace retroceder muchos siglos, y es muy alarmante que este sentimiento de humillación al reo se alimente desde medios de comunicación supuestamente del siglo XXI.

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Diálogos del inframundo

zzzzzzz9384754.JPG-¿Marte, dios latino de la guerra?
-Al aparato. ¿Quién es?
-Isis, esposa de Osiris, dios egipcio del Inframundo.
-Póngame con Osiris, quiero hablar directamente con él.
-Es que ahora está moritando. Pero él ha delegado tareas en Horus y en Anubis. Yo me encargo de las relaciones externas, la prensa, las redes sociales…
-Si hay dioses de la guerra chinos, griegos, celtas o escandinavos, ¿por qué me llama a mí?
-Es que egipcios y romanos nos entendemos bien desde lo de Cleopatra y Marco Antonio y no olvide que usted es el presidente de la comisión de dioses de la guerra.
-Elegido democráticamente, señora mía. Y bien; usted dirá.
-En primer lugar, hay que organizar mejor el envío de remesas de muertos, llegan demasiados a la vez y esto a veces es un caos. Piense que hay que clasificar, destinar y acomodar a muchas almas para toda la eternidad. Es un curro importante, y se nos va de las manos.
-Pues nosotros matamos lo normal, en proporción, como dice el contrato, que por cierto ya tiene su tiempo, está escrito en latín del siglo I.
-Ya, señor Marte, pero es que en tiempos de Roma había cuatro gatos. Y otra cosa: también deben controlar personajillos como Afrodita, Venus, Cupido y otros, que están con eso del amor y se fabrica gente sin parar, ya tienen ustedes miles de millones, y claro, aunque la proporción de muertos es la misma, las cifras se disparan.
-Ya sabe, señora Isis, eso no tiene enmienda.
-Pero es que tampoco controlan ustedes a unos espontáneos que se hacen llamar Jinetes del Apocalipsis, y cada día nos envían más remesas de muertos. Estamos desbordados.
-Mire, señora Isis, estamos hartos de intrusismo: asesinos en serie, genocidas, terroristas… Le hice a Júpiter una pregunta y me contestó a través de un plasma que me metiera en mis cosas. Nosotros hacemos nuestro trabajo, hagan ustedes el suyo, el inframundo es infinito, así que espacio tienen. Y le repito que creo que deberíamos revisar el contrato, las circunstancias han cambiado mucho en dos mil años.
-Señor Marte, yo creo que mejor lo habla con Osiris, que acaba de resucitar de la siesta… ¡Osiris! ¡Osiris! ¡Que te pongas!