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Genios, ganadores y perdedores

El novelista -y sin embargo amigo- José Correa dice que el ganador del Tour de Francia necesita de todos los corredores que llegaron detrás de él, incluso del último, porque son ellos los que hacen que su triunfo sea meritorio. Si corriera solo no tendría gracia. Esto pasa en todas las actividades en las que por diversas causas se establecen rangos, y tiene que haber de todo para que se note la diferencia de lo que supuestamente está por encima. La palabra genio tiene acepciones caracteriales e intelectuales en el diccionario de la RAE, y en psicología es el máximo estadio cuando se aplica al CI. imagenaladin.JPGKant decía que la genialidad consiste básicamente en la habilidad para comprender por sí mismo conceptos que normalmente tienen que ser transmitidos por otra persona, y suele producir ideas originales e inimitables. Si tomamos al pie de la letra esa definición, cualquiera produce genialidad, porque llega solo a conclusiones no aprendidas, aunque ya estas ideas existan previamente y él las desconozca. En resumidas cuentas, nunca he creído en genios, porque los genios son de humo, salen de una lámpara, miden diez metros y al instante materializan cualquier cosa que Aladino le pida; como chasquear los dedos. Y eso nunca ha sucedido. Todos los llamados genios han sido personas inteligentes como un gran talento (no es lo mismo inteligencia que talento) y una insobornable capacidad de trabajo que les ha permitido aprender de sus errores y llegar a resultados luminosos. Para que eso sucediera hicieron falta también aquellas personas que, con menos inteligencia y menos talento, trataron de alcanzar resultados sin conseguirlo. Y siempre hay que contar con la suerte (estar en el momento exacto en el sitio justo). No hay ganadores sin perdedores, aunque a estos luego nadie los recuerde, pero que si no pedalearan en la misma dirección nunca el triunfador subiría al podio de los Campos Elíseos luciendo el maillot amarillo. Así de dura es la supervivencia y la evolución humana.

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¿As de picas o Candy Crush?

Hay una clase dirigente, económica y política, que secularmente han tenido la sartén por el mango: la fuerza para someter, el dinero para hacer más dinero y los poderes públicos a sus pies para darles justificación legal. Ya he dicho alguna vez que estado de Derecho no es lo mismo que estado de Justicia, porque el Derecho se basa en las leyes y estas pueden ser amoldadas a los intereses de los que más pueden. Por si fuera poco, ahora tienen en sus manos un nuevo instrumento: los medios de comunicación y la red, que a menudo le siguen el juego pensando que hacen lo contrario.
imagen humoo.JPGA veces, a algo que parece un leve error de imagen o una infracción pasajera se le puede dar la vuelta, usándolo como cortina humo para ocultar lo verdaderamente sustancial. Cada vez que surge una metedura de pata que puede resultar hasta graciosa y que enciende informativos, debates y redes sociales, me pregunto si estarán aprovechando el ruido para otra cosa, o incluso pienso que pudiera ser que esa «gracieta» se hace adrede porque hay que distraer la atención de lo importante, como los magos con el as de picas que luego aparece en nuestro bolsillo y no sabemos cómo ha llegado hasta allí. ¿No serán algunas boutades racistas, machistas o clasistas un celaje para que miremos solo para ese punto que al final se diluye como una pompa de jabón? Esto se hace con los adversarios y si es necesario con los propios, porque, sabiendo cómo funciona la red y las facilidades tecnológicas que existen, ¿podemos estar seguros de que el diputado Revilla ignoraba que iban a fotografiarlo hojeando (y ojeando) una revista de desnudos, o que Celia Villalobos no sabía que, con toda seguridad, iban a pillarla jugando al Candy Crush?

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Jinetes en el cielo

Parece como si todas las fuerzas cósmicas que aconseja convocar Paulo Coelho se hubieran unido para que España se descacharre definitivamente, sin posibilidad de otra solución que fundirla y empezarla de nuevo. Cansa la impunidad de una corrupción cada día, el abuso de que robar una gallina para comer te lleve a la cárcel y sigan paseando por la calle los ladrones de guante blanco, que el presidente del gobierno trate inútilmente de hacernos luz de gas y utilice en el Parlamento unos modales y un lenguaje lamentables, o que ya no sepamos qué hacer con la libertad de expresión cuando hablamos de determinada televisión. Unos piden la hoguera y otros invocan a Voltaire, y la verdad es que chirría mezclar a Voltaire con un reality.
imagenjinetes.JPGEl embrutecimiento general es evidente, y las culpas recaen -según quien sentencie- en el sistema educativo, en los funcionarios, en la política de tercera que se practica, en la televisión, en el uso perverso de Internet… El racismo, la xenofobia y el machismo son cada vez más visibles, y ya no se esconden, porque nadie con responsabilidad ejerce sus funciones. Independientemente de que un futbolista sea culpable o inocente de haber maltratado a su expareja (ya se verá en los juzgados), que una grada del campo del Betis insulte a coro a la mujer y justifique de esta manera la violencia machista tendría que hacer actuar a los dirigentes futbolísticos y en última instancia a quien corresponda. Pero en eso, como en todo, se escurre el bulto, porque vamos camino de la cerrazón y la oscuridad, una gran paradoja en la época de la comunicación instantánea. Hemos llegado a una situación tan medieval, que la existencia de Dios se certifica en el BOE. Tal vez hayamos llegados a los años de tribulación y ya cabalguen por el cielo los jinetes anunciados en el Libro de las Revelaciones (este no es de Paulo Coelho, es El Apocalipsis dicho en pose erudita).