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Feliz eternidad, Gabo

imagencorol.JPGHace un año ya que te fuiste, querido Gabo. Andamos entretenidos en corrupciones varias y en celebrar el centenario de La metamorfosis, la novela de Kafka que tanto te marcó. Sin el insecto del checo es posible que Remedios La Bella nunca hubiera subido al cielo en cuerpo y alma, que en tus relatos haya quien se alquile para soñar, que nacieran niños con rabo o que los yanquis se llevasen el Mar Caribe y dejaran el hueco. Casi se nos pasa tu aniversario, pero entiende que en el año que faltas las cosas han empeorado. Y eso que ahora parece que los yanquis y Raúl se han dado la mano, o lo parece… De por aquí poco que contar, seguramente porque hay demasiado y los medios lo cuentan a su manera, estableciendo rangos falsos. Si ves por ahí a Jorge Luis Borges dile que su idea de que el siglo XX no podría ser contado por exceso de información, en el siglo XXI ya es realidad tangible. Cuando hay tecnología casi infinita, estamos sumidos en la desinformación. Es decir, desistimos de entrada de contar el siglo presente porque estamos inmersos en otros Cien años de soledad. Al final solo queda el ser humano, como en tus novelas, y eso es lo que contaremos, a ver si en el futuro se entiende este tiempo por la literatura, lo mismo que hoy entendemos el pasado gracias a la imaginación de quienes, como tú, inventaron un mundo paralelo para poder comprender el real. Pero esa es otra historia. Nos seguimos viendo. Feliz eternidad.

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Cervantes nos asista, Rinconete

Hablaba esta tarde con unos amigos de un tal Miguel de Cervantes, que publicó una colección de 12 novelas que en principio se llamaron Novelas ejemplares de honestísimo entretenimiento, que pronto vieron reducido el título genérico a las dos primeras palabras. Aunque ya con pequeña extensión se había publicado en España nada más y nada menos que El Lazarillo de Tormes, el género de la novela corta se hizo muy popular en Italia en la segunda mitad del siglo XVI, y podemos decir que fue Cervantes quien lo introdujo en nuestra lengua. Las llamó ejemplares porque son moralistas, pero lo más interesante es que aparecen diversos modelos (en eso también son ejemplares), pues hay de todo: amorosas, moriscas, pastoriles, picarescas, e incluso aparecen elementos que, siglos después, darían lugar al género fantástico. Se suele tomar a esta serie como cosa menor pues la sombra de El Quijote lo oculta todo (también su teatro y su poesía), pero no es aventurado decir que, si Cervantes no hubiera escrito El Quijote, también sería una gran figura del Siglo de Oro.
aaarrrato.JPGY traigo hoy aquí a don Miguel después de ver el espectáculo callejero alrededor de Rodrigo Rato, el circo de tres pistas que fue la sesión de constitución del Parlamento andaluz, la desidia alrededor de un barco hundido cargado de fuel y el teatro del absurdo que es el retablo nacional. Nuestro país se ha convertido en el patio de Monipodio, espacio que aparece en Rinconete y Cortadillo, una de esas Novelas ejemplares, estampa de una sociedad donde reinaban el timo, el fraude, la estafa y el engaño. Por lo visto, más de cuatro siglos después, seguimos en la misma España de los pícaros, y como dice uno de los personajes de la citada novela cervantina «No se puede ser bueno y malo a la vez». Cervantes nos asista, Rinconete.

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Günter Grass o la explicación de Europa

Pocos escritores son tan imprescindibles como Günter Grass para tratar de entender lo que ha sido el siglo XX en Europa. Su gran novela El tambor de hojalata es la metáfora y la exhaustiva explicación de lo que ha sido, es y puede ser Europa, y por lo tanto también de lo que se evidencia como imposible. Esta novela es uno de los libros que ningún europeo debiera dejar de leer como todo latinoamericano debiera conocer Cien años de soledad. El autor estaba obsesionado con que los demás compartieran lo que para él era nítido y las distintas políticas culturales, económicas o militares siguen sin entenderlo. Los actuales problemas europeos son el resultado de que sus dirigentes no han leído El tambor de hojalata o la han leído muy mal.
hojalata.JPGAlemania no es solo la metáfora de Europa, es la columna vertebral de Europa, y Günter Grass era alemán, pero de una Alemania muy especial. Pertenecía al pueblo casubo, que ocupaba un territorio más extenso alrededor del puerto de Danzing, con una idiosincrasia propia pero con la lengua alemana como elemento común a otros terriorios alemanes. Porque no es lo mismo Baviera que Prusia, Sajonia que Casubia, Silesia que Alsacia-Lorena. Los estados del norte son luteranos y los del sur católicos, aparte de otras confesiones cercanas a las iglesias rusas en la Prusia Oriental. Y todo eso es Alemania porque habla la misma lengua, que es el elemento unificador, y es por ello que usan el concepto Reich, es decir, una nación más allá de los territorios. Por eso es tan importante El tambor de hojalata. Se entiende el gran drama alemán que es el de toda Europa, y ese niño que no crece es la metáfora de una Europa que no arranca. El ajuste de cuentas que se prolonga en otros libros suyos, especialmente en El rodaballo y Pelando cebolla, es otra manera de explicar todo esto, porque la apisonadora del cine americano ha mostrado una Alemania única, que no se entiende porque no existe.
Leyendo a Günter Grass podremos entender que, detrás de ese poderío económico e industrial, está la búsqueda de identidad como casi en ninguna otra nación europea. En los Balcanes la lucha es centrífuga, hacia afuera, pues hay distintas lenguas; en Alemania es centrípeta, hacia adentro, porque es la lengua casi lo único que tienen en común. Ese dolor profundo como nación sólo es comparable al que sigue latiendo en España después de nuestra tremenda historia reciente. Tal vez debiéramos tomar ejemplo de los alemanes, pero también es cierto que ellos saldaron todas las cuentas en su momento. El tambor de hojalata nos dice que podemos perdonar y hasta olvidar después de la justicia.
Las polémicas alrededor del autor que ahora nos deja son ruido (a veces ruido interesado). Está su obra, que sin duda figura en el podio de las imprescindibles para entender Alemania, Europa, el siglo XX y todo esto a través de las grandezas y las miserias de la naturaleza humana. Cuando en el futuro quieran saber de este tiempo y este espacio europeo tendrán que leer a Günter Grass. Su legado es su insoslayable obra literaria, y por eso en el día de su partida merece el mayor homenaje.
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(Este trabajo fue publicado en la edición impresa de Canarias7 del martes 14 de abril de 2015).