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Un estado sancionador

Lo que está ocurriendo con la Ley antitabaco es un exponente del carácter de esta sociedad, tanto de sus dirigentes como de la ciudadanía. vaya por delante que el tabaco es malo y que hay que acotar los lugares dónde fumar. Pero es que los no fumadores miran a los que fuman como si estos fueran delincuentes. Va un señor fumando por la calle (que a lo mejor ya no es elegante o no se lleva, pero es legal) y quienes se cruzan con él lo miran con desprecio, cuando no le dirigen alguna palabra más alta de lo normal. canterasss.JPGAhora quieren multar en Barcelona por no llevar camiseta, y como todo acaba llegándonos también dictarán una ordenaza que impida ir en bañador, y habrá que saber si por el Paseo de Las Canteras se puede caminar en bañador o no. Lo siguiente será meterse con las transparencias, con los escotes y yo qué sé más. Ya se multa por todo, con ese afán recaudatorio de las administraciones y el gusto que algunos ciudadanos cogen a presentar denuncias. Para unas cosas sí y para otras no. Yo podría denunciar a un señor que pasee un perro porque tengo alergia al pelo de esos animales, o increpar a una señora con la que coincido en el ascensor y que lleva un perfume arrasador de nardo salvaje que me produce jaqueca. Ya no digo los que tienen aversión al agua y al jabón y te producen náuseas como estés a su lado en un lugar cerrado, por no hablar de otros olores escatológicos que no tienen sanción. Está bien que haya un poco de orden, pero estamos llegando a unos niveles de estupidez que da grima.

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24 de diciembre

Les deseo lo mejor, esta noche y siempre, no sólo porque sea Navidad.
Pero ya que lo es, también les deseo una Feliz Navidad.
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(Estas fotos son del Belén de Yaiza, que reproduce escenas lanzaroteñas)


Hasta pasado mañana, porque supongo que mañana nadie abrirá un blog, ni para leerlo, ni para escribirlo.

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He caído en la trampa

Siempre he procurado que el 22 de diciembre no me pille hablando del sorteo de la lotería de Navidad, porque ya es una obviedad ese sonsonete mañanero que siempre deja los millones en otro lugar (ojalá este año los deje aquí), y los telediarios abriendo con un grupo de personas enardecidas delante de una administración de loterías y brindando con cava, champán, sidra y lo que se tercie, mientras agentes bancarios tratan de que depositen los décimos a su caja fuerte.
a1806-944-540[1].JPGPero este año he caído, porque es un gran montaje en el que todos participamos. Cada año nos decimos que el siguiente vamos a jugar un solo número, porque el gordo siempre es uno, y si la suerte está a favor con uno basta. Pero luego vienen los intercambios, el número del trabajo, el de la parroquia, el sindicato y el amigo que vive en Cartagena, que te manda un décimo y tienes que corresponder. Al final, si empatas ya es un triunfo. Y a veces me da pena al ver la decepción de la mayoría, porque por cada premiado hay miles sin premio, a quienes el sorteo no les ha dado ni el reintegro. Y es que el Estado recauda mucho dinero cada día con todo tipo de sorteos, que finalmente son una leve esperanza de cambio que suele devanecerse cuando empiezan a caer la bolitas. Pero también es cierto que alguna vez la suerte puede mirarnos a los ojos; el azar no es científico pero tiene su ecuación matemática, con lo cual, por cálculo de probabilidades, pudiera ser que una vez en la vida sonara la flauta. Y, como dice Serrat, «uno de mi calle tiene un amigo que dice conocer a un tipo que un día fue feliz». Le habría tocado la lotería. No perdamos la esperanza,