Un estado sancionador
Lo que está ocurriendo con la Ley antitabaco es un exponente del carácter de esta sociedad, tanto de sus dirigentes como de la ciudadanía. vaya por delante que el tabaco es malo y que hay que acotar los lugares dónde fumar. Pero es que los no fumadores miran a los que fuman como si estos fueran delincuentes. Va un señor fumando por la calle (que a lo mejor ya no es elegante o no se lleva, pero es legal) y quienes se cruzan con él lo miran con desprecio, cuando no le dirigen alguna palabra más alta de lo normal. Ahora quieren multar en Barcelona por no llevar camiseta, y como todo acaba llegándonos también dictarán una ordenaza que impida ir en bañador, y habrá que saber si por el Paseo de Las Canteras se puede caminar en bañador o no. Lo siguiente será meterse con las transparencias, con los escotes y yo qué sé más. Ya se multa por todo, con ese afán recaudatorio de las administraciones y el gusto que algunos ciudadanos cogen a presentar denuncias. Para unas cosas sí y para otras no. Yo podría denunciar a un señor que pasee un perro porque tengo alergia al pelo de esos animales, o increpar a una señora con la que coincido en el ascensor y que lleva un perfume arrasador de nardo salvaje que me produce jaqueca. Ya no digo los que tienen aversión al agua y al jabón y te producen náuseas como estés a su lado en un lugar cerrado, por no hablar de otros olores escatológicos que no tienen sanción. Está bien que haya un poco de orden, pero estamos llegando a unos niveles de estupidez que da grima.