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Otro 15 de noviembre

pt.jpgParece que este es un día en el que los políticos se ponen de acuerdo para fijar memorias que luego se recuerdan durante décadas. Para los palestinos es el Día de la Independencia, para los brasileños el de la República y para los saharahuis el de la traición, porque fue un 15 de noviembre de 1975 cuando se firmó el Pacto Tripartito de Madrid por el que España entregaba de facto la administración de su antigua provincia del Sahara a Marruecos.
Treinta y tres años después, el pueblo saharaui sigue confinado en los campamentos de Tinduf, a la espera de que Naciones Unidas haga valer de una vez por todas su autoridad moral, muy mermada por los intereses de Estados Unidos y Francia. Yo no sé si tendrá relación, pero el asiento que Sarkozy ha cedido a Zapatero para lo de Washinton probablemente haga enmudecer a España durante mucho tiempo en su política sobre el Sahara (tampoco es que hubiera política hasta ahora, pues se Moratinos se limita a decir una y otra vez ambigüedades que a nada comprometen).
Y ahora hay que apuntar otro 15 de noviembre. Dicen que es el de la refundación del capitalismo, lo cual tampoco es para tirar voladores, puesto que ya hemos visto lo que ha hecho este sistema desde su refundación más reciente (ya existía antes como doctrina) en el lejano Congreso de Viena, en 1815, cuando los gerifaltes vencedores de Napoleón se reunieron para programar casi 200 años de historia. Y hemos llegado hasta aquí, esperemos que los errores del pasado sirvan para aprender, aunque, conociendo el ganado con el que toreamos, no tengo muchas esperanzas.

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El baile de la silla

cv.JPGA una semana de la dichosa reunión de Washington (todavía no sabemos si se ha de llamar G-20, G-23 o G-cualquiera sabe) resulta patético el baile de la silla que se están montando los dirigentes europeos que no han sido invitados de primera mano, entre ellos Zapatero, que lleva tres semanas buscando apoyos y no sé si finalmente se conformará con las migajas que Chequia ha cogido al aceptar un asiento en la delegación francesa.
Me parece que ni ellos tienen claro a qué van a Washington, pero toca hacerse una foto, y todos quieren estar, seguramente porque piensan que en el futuro será una imagen histórica como la de la Conferencia de Yalta al final de la II Guerra Mundial o el Congreso de Viena en 1915, cuando los estado europeos que acaban de derrotar a Napoleón diseñaron una Europa que duró cien años. Que yo sepa, tanto en Yalta como en Viena había propuestas concretas de personajes de grueso calibre y probada inteligencia. ¿Va a ser Sarkozy el Churchill de la nueva era que pretenden alumbrar el próximo sábado? ¿Quiénes serán los equivalentes al Príncipe de Metternich, el zar Alejandro I, el naturalista Hummbolt o el Duque de Wellington? ¿Acaso el aprovechado de Gordon Brown, el festivalero Berluconi o el convidado de piedra Zapatero? Y otra cosa: Obama tendrá algo que decir, supongo.

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El sueño de Martin Luther King

Ha sido muy largo y duro el recorrido de la sociedad americana desde que en 1955 Rosa Parks, una mujer negra, se negó a dar el sitio en el autobús a un blanco en la sureña ciudad de Montgomery. En ese tremendo camino ha habido importantes hitos y personajes, como la Administración Kennedy y especialmente Robert Kennedy en su defensa de la Ley de Derechos Civiles, el reverendo Jesse Jackson, James Meredith, Edgard Nixon, el Black Power en los Juegos Olímpicos de México-68, escritoras como Tony Morrisson e incluso iconos del espectáculo que han servido a la causa dando tintes de normalidad al color de su piel: Sidney Poitiers, Morgan Freeman, Areta Franklin, Denzel Washington…
barack.jpgEn ese camino han dejado su sangre Martin Luther King, Malcom X, Medgar Evers y cientos de asesinados por una organización tan siniestra como el Ku Klux Klan. Que estados como Ohio, Indiana y Carolina del Norte hayan votado a un presidente negro es algo sorprendente e increíble hace apenas una décadas; pero la guinda es la victoria de Obama en Virginia, estado que fue el corazón de los Estados Confederados durante la Guerra de Sececión, y cuya capital, Richmond, lo fue también del Sur. Virginia es, incluso más que Georgia y Alabama, la bandera del racismo estadounidense.
Es evidente que la mentalidad americana ha ido cambiando, y Obama ha tenido la inteligencia de presentarse como alternativa, no como un negro que quiere ir a la Casa Blanca. Pero finalmente es eso, un negro en el despacho Oval, y creo que eso es verdaderamente importante. Y ya que los españoles somos tan buenísimos y abiertos, me pregunto si aquí seríamos capaces de dar nuestro voto para que un negro llegase a La Moncloa, a Ajuria Enea o a la Generalitat (no acaba de gustarles que Montilla sea andaluz). Obama será bueno, malo, regular o mediopensionista, pero sin duda su elección es una lección de la sociedad norteamericana. Ojalá se cumpla el sueño de Martin Luther King.